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Venta de refrescos pirata: un problema que se consume a plena luz del día en México

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En menos de dos meses se ha informado sobre la existencia de fábricas clandestinas de refrescos de cola en diferentes partes de México, sin que las autoridades hayan anunciado algún operativo especial para detener esta práctica de contrabando y falsificación.

El primer caso que se robó los titulares de la prensa mexicana ocurrió a principios de mayo, cuando la Fiscalía General de Justicia de la capital mexicana anunció la clausura de una fábrica casera clandestina de refrescos que se hacían pasar por la marca Coca-Cola, en la alcaldía Iztapalapa, al oriente de la urbe.

Según las autoridades, la fábrica tenía la capacidad para producir hasta 60 cajas diarias con una bebida que simulaba ser refresco de cola, con ganancias mensuales de casi 390.000 pesos (unos 23.300 dólares). La distribución se hacía en tiendas, tianguis (mercados ambulantes) y en municipios del Estado de México como Chalco y Nezahualcóyotl.

Días después, el diario El Sol de México denunció la existencia de una fábrica similar precisamente en Nezahualcóyotl, aunque las autoridades nunca confirmaron el dato. Un hecho similar también se denunció en el estado de Chiapas (sur).

A principios de junio, la Fiscalía General del Estado de México clausuró otra fábrica clandestina en el municipio de Los Reyes, muy cerca de la Ciudad de México, lo que dejó un saldo de 10 detenidos, quienes ya enfrentan cargos por delitos contra la salud, en su modalidad de alteración de bebidas no alcohólicas para consumo humano.

Ninguna autoridad ha anunciado algún tipo de operativo especial tras la revelación de estos casos.

La falsificación de refrescos, bebidas alcohólicas y hasta botanas es más común de lo que se piensa. Es un mercado que se mantiene por bajo nivel de compra de los consumidores mexicanos y actúa en una red criminal tan compleja como el robo de combustible (conocido en este país como huachicol), asegura en entrevista con Sputnik el presidente de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), Cuauhtémoc Rivera.

“Hay una verdadera cadena de producción, hay verdaderos flujos de dinero atrás y también hay una cadena de distribución que no se instala por las buenas en muchas de las ocasiones”, afirma el representante empresarial.

Sputnik solicitó entrevistas e información sobre las fábricas clandestinas a las siguientes dependencias: la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, la Fiscalía General de la República (FGR) y a las fiscalías de la Ciudad de México y el Estado de México. Hasta el cierre de este artículo no ha habido respuesta a las solicitudes.

Piratería, un problema latente

México ocupa el undécimo lugar entre los países que más consumen piratería, de acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Según estimaciones de la Cámara Americana de Comercio (AMCHAM) en 2022, el valor de la piratería en México es de casi 3.000 millones de dólares, lo que se traduce en una pérdida de 413 millones de dólares por concepto de impuestos.

Durante la Administración del presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018), se dieron decomisos enormes de bebidas alcohólicas consideradas ilegales. Tan solo en 2015, en la entonces delegación Iztacalco, se decomisó a una fábrica casi un millón de litros de bebidas alcohólicas fabricadas sin controles sanitarios. Hasta ese año ya sumaban cerca de 3,3 millones de litros destruidos, un incremento del 800% con respecto al inicio del sexenio, en 2012.

En la Administración de Andrés Manuel López Obrador, la información sobre decomisos ha disminuido salvo cuando ocurren casos locales, como las fábricas de refrescos de cola en el centro del país. Fuera de ello, la información sobre decomisos no se encuentra ni en las páginas de Cofepris, Profeco o de la FGR.

Durante la pandemia de COVID-19 y con la afectación de la cadena de suministro, la aparición de bebidas alcohólicas piratas fue un tema recurrente durante el desabasto generalizado de cerveza ocurrido entre mayo y junio de 2020. En ese entonces las autoridades mexicanas detectaron la falsificación de cerveza en estados como Tabasco (sureste).

La piratería y el contrabando están en prácticamente todos los sectores comerciales de México, asegura el presidente de la ANPEC, con “verdaderos cárteles del mercado negro dominando zonas de consumo”.

“El músculo que tiene el Estado como aparato contra el control del mercado es un chiste. El mercado de este país es enorme. Tenemos 127 millones de habitantes, 32 entidades y 2.469 municipios. Tenemos realidades de consumo multicultural. No come lo mismo un sonorense que un chiapaneco”, sostiene Cuauhtémoc Rivera.

En redes sociales es fácil encontrar lugares donde se pueden conseguir botellas originales vacías de refrescos, agua embotellada y perfumes, todo un mercado de compra venta de envases que terminan por ser usados para la venta de piratería, según datos de la Fiscalía de la Ciudad de México revelados cuando clausuró una fábrica clandestina de Iztapalapa.

Tan solo en esta alcaldía de la capital mexicana, Sputnik localizó en redes sociales un almacén que compra botellas vacías de refrescos sin que se precise si son para reciclaje.

“Hay lugares donde venden botellas de Bonafont [marca de agua embotellada] con la etiqueta y las tapas. Lo que hacen los piratas es comprar esto de manera segregada, las llenan de manera indiscriminada con agua no purificada y, luego, se van a venderlas a las afueras de la Ciudad de México, en las distintas carreteras”, señala el presidente de la ANPEC. 

La posibilidad de hacer piratería está tan a la mano que incluso en internet se pueden encontrar cursos en línea para la clonación de marcascomerciales de cerveza, así como diversos tutoriales en páginas como YouTube donde se enseña la receta de refrescos de cola.

La demanda manda

Para el presidente de la ANPEC, la base del contrabando y la piratería de bebidas está en la demanda: por un lado, permite a las tiendas ofrecer precios más baratos al público; por otro, como vendedores, les genera más ganancias con menos inversión, ya que, en palabras de Cuauhtémoc Rivera, los comerciantes están sometidos a las condiciones de crédito de los proveedores.

El poder de compra es un factor clave para que la operación ilegal funcione. A pesar de que la variación anual de la inflación pasó en la primera quincena de junio de 7,88% a 5,18%, el poder de compra se mantiene bajo en un país donde casi el 38% de la población económicamente activa vive en pobreza laboral (cuando los salarios no cubren las necesidades básicas de un hogar), según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), correspondientes al primer trimestre del 2023.

“Estamos en una sociedad con una circunstancia muy desigual. De los 120 millones de personas que somos, yo te puedo decir que más de la mitad vive ahora en un consumo empobrecido. De alguna manera, la gente ha visto caer la calidad de su consumo”, sostiene Rivera. 

Estos factores generan las condiciones para el nacimiento de tiendas de hard discount, un modelo surgido en Alemania con el que las tiendas de autoservicio venden productos muy baratos al reducir costos en la cadena de suministros, en la publicidad y otras áreas.

Pese a que las empresas que operan en México con este modelo defienden la calidad de sus productos y operan con la normativa correspondiente, el presidente de la ANPEC advierte que algunas cadenas también son copartícipes de mercados negros de mercancías, lo que les permite mantener un margen de utilidad redituable con precios bajos, a costa de vender incluso productos caducos.

La circulación de productos como frituras sin controles sanitarios claros y con orígenes que no son rastreables incluso ha llegado a cadenas de autoservicio, donde compiten con marcas ya establecidas cuyos productos son doblemente más caros, señala Rivera.

La recomendación de la ANPEC es desconfiar de productos que tengan un precio mucho más barato del que se suele ofrecer en tiendas, es decir, si la variación es de más de cuatro o cinco pesos, es importante verificar el estado de las botellas y los datos de caducidad y lote que contiene.

“Recomendaría a la gente que se dé un respiro y que tenga más oportunidad a la hora de establecer sus prioridades de consumo, a la hora de buscar dónde comprar. Tienes que saber tus prioridades (…). El arte de comprar es cada vez más sofisticado, no todo mundo sabe comprar”, sugiere el presidente de la ANPEC.

Fuente:https://sputniknews.lat/

Foto: Tomada de © Foto : Unsplash / Artem Beliaikin

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