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Aferrados a la fe en malos tiempos, miles de cubanos festejan al orisha Orula

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La Habana.- Para Miguel Martínez, sacerdote de Ifá (culto de origen africano practicado en Cuba), la esperanza es el arma más fuerte de aquel que tiene que soportar y quiere salir de la crisis que ahora agobia a los cubanos y que es –dijo- “lo último que se pierde”.

“Para estos malos tiempos debemos aferrarnos a los principales pilares de Ifá, que son la honestidad, la paciencia, la esperanza y la humildad. Solo así conseguiremos resistir y salir. Nunca perder la fe en que vendrán mejores tiempos”, comentó a la Agencia Sputnik el sacerdote (conocido como babalawo), mientras preparaba la conmemoración a Orula, santo adivino del panteón yoruba que este 4 de octubre se conmemora en la isla.

Orula es una de las divinidades que más se adoran en Cuba, y una de las más importantes figuras del culto yoruba traído de África por los esclavos entre los siglos XVI y XVII, y que cada año en esta fecha es venerado por miles de seguidores.

Sincretizado con la figura católica de San Francisco de Asís –de ahí que se celebre en su mismo día de conmemoración-, esta deidad africana tiene gran arraigo en la población que sigue estos cultos africanos, por su “vocación” de adivinar y describir cada acontecimiento de la vida mundana.

“La gente viene al pie del orisha buscando aliento, quieren oír una frase esperanzadora, confían que a través de él podrán solucionar sus problemas. Es un acto de fe ahora mismo que muchos no encuentran soluciones a sus necesidades”, agregó Martínez, mientras colocaba sendos ramos de flores al pie del altar que levantó en su modesta casa habanera.

Durante un alto para saborear un café, llegó a casa de Martínez una de sus “ahijadas”, quien se identificó como Ondina Díaz, una mujer que pasa los 60 años de edad, portando bandejas con dulces caseros y una canasta de frutas variadas, que trajo como ofrenda a la deidad.

“Hace muchos años que Orula es quien marca mi vida, todo lo que haga lo vengo primero a consultar con él. Yo adoro a Oshún (deidad yoruba) a la que estoy consagrada hace más de 40 años, pero Orula es quien tiene la última palabra, para eso soy su ‘apetebí’ (mujer encargada de atender al orisha y que recibió la ‘mano de Orula’ (Ikofá)”, comentó la religiosa.

Ondina explicó que aprovecha esta celebración para pedirle al santo por su hijo enfermo, y porque mejore la situación económica que sacude al país en los últimos años.

Como ella, otros cubanos buscan amparo en la deidad para emigrar, incluso algunos en condiciones peligrosas; o para enfrentar las carencias que sufren a consecuencia de la crisis.

PRÁCTICA CENTENARIA

La práctica del culto de Ifá no fue muy expandida en Cuba desde finales del siglo XIX, hasta bien avanzada la década de 1980, por razones de origen étnico, racial, e incluso por limitaciones socio-ideológicas, pero a partir de ese momento, inició una explosión de consagraciones en toda la isla.

Cada 4 de octubre, la sopera (receptáculo) donde vive el orisha, se coloca en un altar que se adorna con paños amarillos y verdes (sus colores identificativos), se adorna con flores y se colocan frutas tropicales como ofrendas.

Durante la celebración y sobre una estera de paja extendida en el suelo, los creyentes se postran ante el trono para rezar y pedir

Poseedor del oráculo supremo de los yorubas (Ifá), Orula, también es conocido como Orunmila (que significa “solo el cielo conoce quienes se salvaran”), es el dios de la adivinación, considerado como gran benefactor de la humanidad y su principal consejero, que permite una comunicación con todos los orishas (santos yorubas) a través de sus métodos adivinatorios que “predicen” los acontecimientos por venir de cada ser humano.

El babalawo establece un “diálogo” entre las deidades y sus seguidores o ahijados, a través del ekuele o cadena sagrada, un instrumento que consta de una fina cadena donde se engarzan ocho pedazos de cáscara de coco, o del tablero de Ifá (que simboliza al mundo), donde ejecuta múltiples operaciones utilizando un grupo de semillas de nuez de kola conocidas como ikines.

Con estos instrumentos, el sacerdote de Ifá consigue identificar hasta 256 signos diferentes, conocidos como oddunes, cada uno de ellos cargados de historias y patakines (profecías), con aleccionadoras advertencias para quien busca ayuda espiritual en este oráculo adivinatorio.

El sistema de adivinación Ifá es un complejo sistema religioso que llegó a América procedente del África Occidental durante la colonización y fue reconocido en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (Nigeria) de la UNESCO en 2008.1

La práctica de este culto se arraigó en Cuba a fines del siglo XIX, y aunque no existe una estadística que determine cifras, son miles de practicantes en casi todos los territorios del país, fundamentalmente en las grandes ciudades del occidente y centro de la isla.

También ha traspasado fronteras y hoy existen concilios de babalawos en México, Panamá, Venezuela, Colombia, en el sur de Estados Unidos, incluso en algunos países de Europa, que periódicamente visitan Cuba, principalmente en el primer día de enero, cuando se emite la Letra del Año, una suerte de profecía para todos sus seguidores.

De cualquier manera y a pesar de las circunstancias, la gente en Cuba sigue visitando al babalawo, tratando de regresar casa con un poco de esperanza y fuerza, y buscando las respuestas que no encuentra en su cotidianidad.

Fuente:https://sputniknews.lat/

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