domingo, 30 marzo 2025
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Gerardo Ledezma

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El doble rasero moral de Morena: Protección política y gastos suntuarios

El régimen actual ha vuelto a demostrar su hipocresía en dos frentes que revelan su verdadero carácter: la protección a figuras incómodas y el dispendio de recursos públicos bajo la máscara de humildad.

1. El escandaloso blindaje a Cuauhtémoc Blanco
Morena ha convertido la justicia selectiva en política de Estado. El caso del exfutbolista es paradigmático: mientras persiguen a opositores con supuestos “casos de corrupción”, protegen a un acusado de violencia sexual con argumentos jurídicos risibles. Ricardo Monreal desnudó la estrategia: evitar el desafuero para impedir que Blanco, como “Alito” Moreno, encontrara resquicios legales.

La pregunta obligada: ¿Por qué tanto empeño en salvar a un presunto agresor sexual? La respuesta es clara – se trata de una transacción política donde el futbolista es útil como botín electoral en Morelos, aunque ello implique traicionar los supuestos principios feministas del partido.

2. El viaje dorado de Fernández Noroña
Mientras millones de mexicanos enfrentan carestía, el “representante del pueblo” disfrutó de lujos europeos pagados con dinero público. Su supuesta participación “histórica” en el Consejo de Europa fue un monólogo sin audiencia, pero con costosos boletos en primera clase.

¿Dónde quedó la austeridad republicana? El senador, que hace campaña permanente contra los privilegios, no tuvo reparos en derrochar recursos en hoteles de lujo y vuelos premium. Más grave aún: este viaje fue una operación de imagen para lavar su deteriorada figura política tras sus recientes fracasos legislativos.

Estos casos exhiben la esencia morenista:

  • Justicia a modo: Se persigue o protege según conveniencia política, no por principios
  • Doble discurso: Proclaman humildad mientras viven como oligarcas
  • Cínico cálculo: Todo (incluido el feminismo) es sacrificable ante el poder

El mensaje es claro: para Morena, la ética es un recurso retórico, no un compromiso de gobierno. Mientras tanto, el país sigue pagando los platos rotos de su hipocresía institucionalizada. Así o más claro el asunto.