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Gerson Gómez

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El nuevo día de la Liberación.

Entre dos antes de la media noche. La magia de las desapariciones comenzó. Cinco minutos pasados las doce, la labor completada.

Por las características biométricas, disponibles en todos los sistemas de seguridad nacional, usaron los satélites disponibles. Incluso tecnología de punto oculta desarrollada por la empresa de Elon Musk.

Por vez primera en dos siglos, América, la de arriba del rio Grande. Solo de tres grupos étnicos. Nativos americanos. Vaya dolor de cabeza con esas tribus. Africanos, de solo lengua inglesa, nada de francófonos.

Ingleses protestantes. Ni irlandeses, ni italianos, alemanes, rusos, portugueses y demás mezclas étnicas.

Hebreros de todas partes del planeta reunificados en la gran manzana de Nueva York. Para ellos ciudadanía gold, incluye grandes áreas de Beverly Hills y Hollywood.

Restablecieron el orden natural de los ancestros. Todo el sur del país, incluyendo Luisiana y Florida, de enormes plantaciones de tabaco, algodón y azúcar. En Texas se les brindo barracas para labores estratégicas en las petroleras. Nuevo México y Arizona, al cuidado del ganado. Según el signo de Caín, enseñado en el cinturón bíblico del país, eximen el pecado de sus ancestros.

El nuevo día de la liberación revocó ciudadanías para chicanos, cuarterones, musulmanes y toda clase de disidentes panteístas, bafometianos y apostatas del buen libro.

Reubicados mediante la disolución de partículas y células, mediante el método del dna, en cumplimiento de la orden ejecutiva de la Oficina Oval.

Hemos cumplido nuestras promesas. Ahora les corresponde a ustedes relegimre por otros dos periodos consecutivos. Salgamos a las avenidas. Llenen los buzones de teléfono de los comunistas demócratas. Solo un hombre visionario logró resolver los problemas de siglos.

Esto es maravilloso. Somos libres de nuevo. Disfruten de este aire saludable, del uso de combustibles fósiles apropiados. No más vacunas toxicas. Jamás volveremos a estar desunidos. Grandes otra vez. El cabello dorado de la victoria, junto al rostro bravío aderezado a la prontitud de la belleza juvenil de playa.

Los pies de barro del Nabucodonosor occidental comenzaron a desmoronarse.