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Gerardo Ledezma

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El terremoto financiero de los aranceles: mercados en caída libre mientras México busca refugio en el T-MEC

Las bolsas mundiales se tiñeron de rojo este pasado jueves, con pérdidas que superaron el 3% en los principales índices de Wall Street y las plazas europeas, tras el anuncio de los nuevos aranceles impuestos por Donald Trump a las importaciones provenientes de la Unión Europea, China, Japón y Suiza.

El S&P 500 cayó 3.78%, el Nasdaq 4.88% y el Dow Jones 3.10%, reflejando el nerviosismo de los inversionistas ante lo que podría ser el inicio de una nueva guerra comercial global.

Mientras las economías más fuertes del mundo se estremecen, México respira un aire de alivio – aunque no exento de preocupaciones – gracias al paraguas que ofrece el T-MEC. El tratado comercial ha demostrado ser un salvavidas en medio de la tormenta, protegiendo al 50% de nuestras exportaciones hacia Estados Unidos. Sin embargo, la otra mitad de nuestros productos que no cumplen con las disposiciones del acuerdo quedan expuestos a estos gravámenes, lo que plantea un desafío inmediato para sectores clave de nuestra economía.

La reacción internacional no se ha hecho esperar. Canadá, bajo el liderazgo de Mark Carney, ha prometido contramedidas firmes para proteger a sus trabajadores, mientras Australia califica los aranceles como “un acto hostil” que pone en riesgo uno de cada cuatro empleos en su territorio. Perú, por su parte, confía en que su TLC bilateral los mantendrá a salvo, aunque reconoce la necesidad de evaluar el impacto real de estas medidas.

Este escenario nos deja con varias reflexiones urgentes. Primero, la fragilidad de la economía global ante decisiones unilaterales que ignoran décadas de construcción de cadenas de suministro integradas. Segundo, la importancia estratégica de haber modernizado el TLCAN justo antes de esta crisis, aunque ahora queda claro que debemos redoblar esfuerzos para que el 100% de nuestras exportaciones cumplan con las reglas del tratado.

Mientras los mercados siguen buscando un piso y los gobiernos evalúan sus próximos movimientos, México enfrenta una disyuntiva: celebrar la protección temporal que nos brinda el T-MEC o acelerar la diversificación de nuestros mercados para no depender exclusivamente de la volátil relación con nuestro vecino del norte. La respuesta probablemente esté en hacer ambas cosas con urgencia y determinación.

Lo que comenzó como un anuncio más de Trump se ha convertido en una prueba de fuego para el sistema comercial multilateral. En las próximas semanas veremos si los países afectados logran articular una respuesta coordinada o si, por el contrario, el mundo se sumerge en una espiral de proteccionismo que podría hacer parecer pequeña la crisis financiera de 2008. México, al menos por ahora, tiene la ventaja de un asiento en primera fila protegido por el T-MEC – pero sería ingenuo pensar que esto solo es el comienzo. Porque seguimos con el fantasma del “fentanilo” y los migrantes. Que pareciera que se está trabajando.

Pero que existen zonas en México que pareciera se encuentran en guerra y claro, controladas por crimen organizado que no baja la guardia. Es por ahí, donde nuestros vecinos en este nuevo mandato de Trump nos estarán observando y no tendremos excusa a las idioteces de abrazos no balazos.

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