
El reacomodo de fuerzas en el escenario internacional no se explica desde la retórica política, sino desde los intereses económicos más duros. Así lo plantea el diputado Ricardo Monreal Ávila, quien advierte que el acceso a energía barata y a las llamadas tierras raras marca el rumbo de las incursiones militares y paramilitares que, a su juicio, se intensificarán durante la era Trump.
En su texto El viejo nuevo orden mundial, difundido en redes sociales, el coordinador del Grupo Parlamentario de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política reflexiona sobre el papel de México frente a una hegemonía estadounidense que, aunque se repliega en varias regiones del planeta, se endurece en el continente americano. En ese contexto, señala que el país enfrenta un riesgo real desde la guerra de 1846-1848 y subraya la necesidad de actuar con claridad estratégica.
Monreal plantea que México debe fortalecer la colaboración con Estados Unidos en materia de seguridad y comercio para llegar a la renegociación del T-MEC sin que el tema de los cárteles contamine el diálogo ni se comprometa la soberanía territorial, política o jurídica. A la par, considera indispensable un cabildeo intenso en el Capitolio, en medios de comunicación y en espacios académicos estadounidenses para visibilizar el esfuerzo sin precedente, en vidas y recursos, que realiza el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum en el combate al crimen organizado.
El legislador insiste en dejar claro que México no es un actor ajeno en la relación bilateral, sino un aliado auténtico. Sin embargo, advierte que el contexto internacional remite a episodios ya vistos: la captura de Manuel Noriega en Panamá en 1990 y la de Nicolás Maduro en Venezuela en 2025, ambos bajo acusaciones similares, con el silencio de organismos internacionales y la pasividad de potencias globales.
En su análisis, no descarta la existencia de acuerdos geopolíticos detrás de esa indiferencia, donde China y Rusia preservan sus áreas de influencia a cambio de no intervenir en América Latina, validando en los hechos una versión renovada de la doctrina Monroe. A ello se suma una nueva guerra fría ideológica que atraviesa el continente, con gobiernos de derecha y de izquierda confrontados, y un elemento que, advierte, sirve como justificación para cualquier tipo de intervención: la etiqueta de narcoterrorismo.
Monreal subraya que la diferencia entre el viejo y el nuevo orden mundial radica en la justificación de las intervenciones. Antes se invocaban la democracia y los derechos humanos; hoy, sostiene, los intereses económicos se exhiben sin recato. El control de grandes reservas energéticas, como el petróleo venezolano, permitiría a Estados Unidos disponer de combustibles baratos y contener su inflación.
En ese marco, concluye que la disputa por fuentes de energía accesible y por tierras raras, indispensables para el desarrollo tecnológico contemporáneo, define las verdaderas coordenadas de las acciones militares y paramilitares que marcarán la agenda internacional en los próximos años.
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