jueves, 22 enero 2026
15.9 C
Monterrey

Gerardo Ledezma

Últimas Noticias

México, potencia intercontinental y fábrica de premios incómodos

En este país siempre se puede caer más bajo, pero con entusiasmo institucional. La política nacional insiste en superarse y, cuando parece que ya no hay margen para el ridículo o el cinismo, aparece otro funcionario a recordarnos que la creatividad no tiene límites cuando se trata de decir disparates o repartir cargos como si fueran consolación.

Esta semana el mapa mundial se reacomodó sin aviso previo. Resulta que Taiwán ya no está en Asia, ahora forma parte del territorio nacional. Así lo dejó claro la senadora morenista por Tlaxcala, Ana Lilia Rivera, durante un evento escolar, cuando afirmó ante autoridades y representantes internacionales que “Taiwán es uno de los lugares del país donde el desarrollo científico y tecnológico es verdaderamente impresionante”. Ni el INEGI se había atrevido a tanto. El comentario no fue una metáfora, ni una licencia poética, sino una declaración pública, dicha frente al embajador y representante de la Oficina Económica y Cultural de la isla asiática en México, Iván Lee, rodeados de banderas de Taiwán y de México, como si todo fuera parte de una misma república imaginaria.

La escena ocurrió durante la entrega de computadoras en un CBTIS de Tlaxcala, y fue celebrada en redes sociales por la propia senadora, quien aseguró que “Tlaxcala no debe quedarse atrás cuando se trata de Educación, Innovación, Tecnología y el uso de la Inteligencia Artificial”, además de prometer que seguirá “fortaleciendo alianzas internacionales que transforman el conocimiento en oportunidades reales”. Al parecer, la primera alianza fue con la geografía alternativa.

Pero mientras unos confunden continentes, otros reciben premios por sobrevivir políticamente a tragedias y polémicas. El caso de Francisco Garduño es la confirmación de una lógica perversa que ya ni siquiera se disfraza: donde hubo muertos, hay premios; donde hubo omisiones, hay nuevos encargos. A casi dos años del incendio en la estación migratoria de Ciudad Juárez, donde 40 personas murieron bajo custodia del Estado, el funcionario vinculado a ese aparato no enfrenta una condena política, sino un reciclaje institucional. Aquí el fuego no consume carreras públicas, las recalienta y bueno súper premio que le dan. Mire usted en el plano educativo…

Y por si faltaba algo en esta función, aparece el acto estelar: el exfiscal Alejandro Gertz Manero, llamado a comparecer ante diputados y senadores para desahogar el trámite de su eventual nombramiento como embajador. El procedimiento es pulcro, legal, casi ceremonial. La presidenta Claudia Sheinbaum lo propuso para representar a México en Gran Bretaña, y la Comisión Permanente hará lo suyo: preguntas, posturas, dictamen y protesta. Todo en orden. Todo en regla.

Así, entre Taiwán nacionalizado por decreto verbal y embajadas otorgadas como despedida elegante, la política mexicana confirma que el absurdo no es un accidente, sino un método. Aquí no pasa nada grave: se confunden países, se premian trayectorias cuestionadas y se sigue adelante. Al final, el problema no es que se diga una barbaridad o se nombre a alguien incómodo; el verdadero riesgo es que ya no sorprenda.

Artículo previo