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El Super Bowl LX revive la herida: Patriots y Seahawks otra vez frente a frente

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El domingo dejó de ser un día más en el calendario de la NFL para convertirse en una fecha que ya quedó marcada rumbo a la historia. Con frío, presión, errores mínimos y decisiones que pesaron toneladas, quedaron definidos los protagonistas del Super Bowl LX: New England Patriots y Seattle Seahawks. Santa Clara los espera. El pasado también.

En Denver, bajo una nevada que convirtió el emparrillado en territorio hostil, los Patriots regresaron al Súper Domingo como saben hacerlo: con defensa, sangre fría y un mariscal que entendió el momento. No fue un partido para la estadística ni para el espectáculo, sino para sobrevivir. Los Broncos pegaron primero y coquetearon con una ventaja mayor, pero ahí apareció el sello que ha distinguido a Nueva Inglaterra durante décadas: castigar el error ajeno.

Un balón suelto cambió el tono del juego y Drake Maye, lejos de esconderse, asumió el mando. Corrió cuando fue necesario, cuidó el ovoide y permitió que el duelo se jugara al ritmo que más conviene a los Patriots. El empate antes del descanso fue apenas un aviso de que el partido estaba donde ellos querían.

La segunda mitad fue un pulso defensivo, una batalla de paciencia. Un gol de campo bastó para tomar la delantera y, a partir de ahí, Nueva Inglaterra apostó todo a su defensa. Denver tuvo oportunidades, pero el frío, la presión y la lectura equivocada terminaron condenándolos. La intercepción de Christian González fue el punto final. Después, una jugada de engaño de Maye cerró el telón. Los Patriots estaban de vuelta en el Super Bowl tras siete años de ausencia.

No fue un regreso cualquiera. Es la oportunidad de romper el empate histórico con Pittsburgh y convertirse en la franquicia más ganadora de la NFL. Un nuevo capítulo para una organización que muchos dieron por acabada tras la era Brady-Belichick y que hoy, bajo el mando de Mike Vrabel, vuelve a colocarse en la cima de la Conferencia Americana.

Horas más tarde, en la final de la Nacional, Seattle y Los Ángeles ofrecieron un partido que contrastó por completo. Ahí no hubo cálculo: hubo vértigo. Los Seahawks entendieron desde el inicio que el duelo se ganaba atacando y Sam Darnold no dudó. Un envío profundo de más de 50 yardas fue la primera advertencia. Kenneth Walker terminó la obra.

Los Rams respondieron como equipo grande, con Stafford distribuyendo el balón y aprovechando cada espacio, pero Seattle siempre encontró la forma de golpear primero. Antes del descanso, una ofensiva relámpago terminó con Jaxon Smith-Njigba solo en las diagonales y con una ventaja que parecía psicológica.

El tercer cuarto fue caótico. Un error en equipos especiales abrió la puerta para que los Seahawks ampliaran la diferencia, pero Los Ángeles se negó a morir. Stafford volvió a conectar pases largos, Davante Adams apareció en el momento justo y el partido se convirtió en un intercambio de golpes que mantuvo al estadio de pie.

Seattle respondió con otro touchdown y parecía sentenciar la historia, pero una falta innecesaria reavivó a los Rams. Con el balón en la zona roja y la temporada en juego, Sean McVay apostó por la cuarta oportunidad. Esta vez no hubo milagro. La defensiva de Seattle cerró el camino y selló el pase al Super Bowl.

Así, los Seahawks regresan al escenario grande por cuarta vez, con la posibilidad de levantar su segundo Vince Lombardi y, de paso, ajustar cuentas pendientes. Enfrente estará New England, el mismo rival que hace once años les arrebató la gloria con una intercepción que aún duele en Seattle.

El Super Bowl LX no es solo un partido. Es una revancha generacional, una lucha por la supremacía histórica y la confirmación de que, en la NFL, el pasado nunca se va del todo. El próximo domingo 8 de febrero, en Santa Clara, habrá un nuevo campeón. Pero también habrá memoria, cuentas pendientes y un trofeo que solo entiende de ganadores.

Especial-eitmedia.mx

Foto: https://x.com/Seahawks /https://x.com/Patriots