
Sin sobresaltos, sin debate de fondo y con la comodidad de una votación económica, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión ratificó a Alejandro Gertz Manero como embajador de México ante el Reino Unido y los organismos internacionales con sede en ese país. El trámite avanzó con la rapidez que suele reservarse para los nombramientos incómodos: los que es mejor despachar pronto antes de que las preguntas empiecen a incomodar.
Tras la aprobación, la Mesa Directiva le tomó protesta de ley al nuevo embajador, mientras se integraba una comitiva plural para acompañar el acto solemne, en un escenario donde la formalidad contrastó con el peso político del personaje ratificado. Para la mayoría legislativa, no hubo duda: Gertz Manero “reúne las cualidades y requisitos de idoneidad” para representar a México en una de las capitales diplomáticas más relevantes del mundo.
Desde la tribuna, Morena defendió el nombramiento como el resultado de una “cuidadosa evaluación”, destacando experiencia, trayectoria y formación académica. El PVEM y el PT se sumaron al coro, subrayando que la política exterior no admite improvisaciones y que México requiere perfiles con firmeza y conocimiento del Estado para dialogar en escenarios internacionales complejos. En el discurso, Londres aparece como un destino estratégico; en los hechos, el nombramiento luce más como una salida elegante que como una apuesta diplomática.
La voz disonante llegó desde Movimiento Ciudadano. Luis Donaldo Colosio Riojas puso el dedo en una distinción incómoda: experiencia no es sinónimo de especialización. Recordó que la Ley del Servicio Exterior Mexicano privilegia, al menos en el papel, a la carrera diplomática, y advirtió que un currículum amplio no garantiza las competencias necesarias en uno de los momentos geopolíticos más delicados de las últimas décadas. El señalamiento quedó ahí, sin mayor eco.
El dictamen cerró filas al asegurar que no existe elemento alguno que genere duda sobre la idoneidad del perfil y que Gertz Manero cuenta con amplias capacidades y reconocimiento como servidor público. Así, el Congreso cumplió con su facultad legal, aunque evitó profundizar en el debate político y ético que rodea la figura del ahora embajador.
Con la ratificación consumada, Gertz Manero se prepara para representar a México en el Reino Unido. En casa, queda la sensación de que más que una decisión de política exterior, el nombramiento fue leído por muchos como un mensaje interno: en la política mexicana, incluso los cargos diplomáticos pueden convertirse en premio de consolación.
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