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Gerardo Ledezma

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Cuando el costo lo paga el norte

Otra vez el norte del país está en la antesala del sacrificio. Nuevo León, junto con otros estados fronterizos, se perfila para cargar con las consecuencias de decisiones que se toman lejos de las presas vacías, de los campos secos y de las ciudades que ya viven con el agua racionada. El llamado “plan técnico” acordado entre México y Estados Unidos para la gestión del agua en la cuenca del Río Bravo no modifica el Tratado de 1944, pero en la práctica adelanta entregas que impactarán directamente a las regiones más golpeadas por la sequía. Mientras la autoridad insiste en que no habrá afectaciones, los niveles históricamente bajos de las presas cuentan otra historia.

México está obligado a entregar en promedio 431.7 millones de metros cúbicos de agua al año a Estados Unidos, en ciclos de cinco años. El problema no es el tratado en sí, sino la forma opaca en la que se está administrando su cumplimiento. No hay cifras claras, no hay calendarios públicos, no hay una explicación concreta de desde dónde saldrá el agua ni qué regiones absorberán el golpe. En un contexto de sequía estructural, seguir resolviendo con “acuerdos técnicos” de última hora equivale a trasladar la presión a agricultores, ciudades fronterizas y comunidades que ya viven al límite. La cooperación binacional no puede sostenerse sobre la narrativa, sino sobre la transparencia.Así es qué ¡Aguas! porque de nuevo lo que habíamos juntado se lo puede llevar el carajo- para allá vamos y como siempre a escuchar discursos vacíos.

A este escenario se suma otra contradicción de fondo: el discurso de soberanía frente a Estados Unidos, mientras se mantiene la exportación de petróleo a Cuba bajo la sombra de nuevas amenazas de Donald Trump. La president…con a reconoce que no hay aún un acuerdo con Washington, pero insiste en la “sensibilidad” hacia el pueblo cubano. La pregunta es si esa sensibilidad resistirá cuando los costos políticos y comerciales empiecen a cobrarse. Trump asegura que México dejará de enviar crudo a la isla, realizando una segunda llamado, y mientras eso suena a una maldita amenaza directa. El Gobierno mexicano no lo confirma como suele hacerlo. Si, seamos sinceros, nuestro país vuelve a quedar atrapado entre la presión externa y sus propias definiciones de política exterior ó mejor dicho, de extraños acuerdos que nadie sabe hasta hoy ¿cuánto dinero sea enviado a la isla a cuesta de todos los mexicanos?

Y mientras en la agenda bilateral se tensan los temas duros —agua, comercio, energía—, el mensaje contradictorio llega hasta el terreno simbólico del deporte. A días del Super Bowl, la NFL afirma que no habrá operativos del ICE en el estadio, mientras funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos habían advertido lo contrario, asegurando que el evento no sería un “refugio seguro” para migrantes. La contradicción no es menor: refleja el clima de incertidumbre que viven millones de personas frente a una política migratoria que amenaza con aparecer incluso en espacios de entretenimiento masivo.

Tres frentes, un mismo patrón: decisiones estratégicas que se anuncian sin claridad, con discursos tranquilizadores que chocan con la realidad. En el norte falta agua, pero se promete que no habrá afectaciones. Se envía petróleo en nombre de la solidaridad, mientras se desafía abiertamente la presión del principal socio comercial. Se dice que no habrá redadas en el Super Bowl, pero desde el propio gobierno estadounidense se habla de persecución “en todas partes”. La consecuencia es la misma: la gente vive en la incertidumbre.

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