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Gerardo Ledezma

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Ideología primero, calidad después: El México triste y patético

Arranca la semana y el país vuelve a mirar hacia la Secretaría de Educación Pública no con esperanza, sino con preocupación. Lo que debería ser el corazón formativo de México se ha convertido en un campo de batalla ideológico donde el rigor académico quedó relegado a segundo plano.

El todavía funcionario de la Secretaría de Educación Pública, Marx Arriaga Navarro, decidió atrincherarse —literal y mediáticamente— para defender unos libros de texto que han sido señalados por errores, omisiones, sesgos y una carga doctrinaria que poco tiene que ver con la excelencia educativa que merecen millones de niñas y niños.

No es menor que desde las propias oficinas públicas se hable de “resistir” y se convoque a “comités de defensa” como si estuviéramos en una reedición de la Guerra Fría. El lenguaje no es inocente. Cuando se sustituye el debate técnico por consignas, la educación deja de ser política pública y se transforma en trinchera.

Más preocupante aún es que, pese a la controversia, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo haya dejado claro que la Nueva Escuela Mexicana y los libros de texto “no van a cambiar”, al considerarlos parte del proyecto iniciado por Andrés Manuel López Obrador. La educación no puede ser rehén de una narrativa política. No puede blindarse por lealtad ideológica cuando existen cuestionamientos legítimos sobre su calidad y contenido.

Mientras tanto, el secretario Mario Delgado Carrillo confirmó que Arriaga se negó a dejar el cargo pese a que la plaza cambiaría de naturaleza. La institucionalidad no puede depender de voluntades personales ni de gestos de resistencia simbólica. La educación pública exige responsabilidad, no dramatización.

Y en paralelo, desde Estados Unidos surge otro dato que indigna: el Departamento del Tesoro reveló que la IMG Academy en Florida recibió durante años pagos millonarios vinculados con personas sancionadas por la Ley de Designación de Cabecillas Extranjeros del Narcotráfico. Mientras aquí discutimos si los libros deben o no corregirse, allá los hijos de figuras ligadas al narcotráfico cursaban estudios de élite con colegiaturas que superan los 100 mil dólares anuales.

La pregunta es inevitable: ¿por qué estas realidades no generan el mismo estruendo cuando ocurren en el extranjero? ¿Por qué la indignación selectiva? Si hablamos de moral pública, que sea sin doble rasero.

México necesita una educación sólida, científica, plural y libre de improvisaciones. Necesita libros bien editados, con fechas correctas, ortografía impecable y contenido equilibrado. Necesita debate, no consignas. Necesita reformas que sumen, no que dividan.

El aula no es un comité político. Es el lugar donde se construye el futuro del país. Y ese futuro no puede escribirse con errores ni defenderse con discursos de resistencia, sino con calidad, transparencia y apertura a la crítica. Así es que díganle al que convoca a sus “camaradas” que no mame porque eso ya se le acabo en la SE y se deje de payasadas.