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Gerardo Ledezma

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Infraestructura y inteligencia artificial: la ruta con la que Monterrey intenta anticipar su crecimiento

Mientras en muchas ciudades del país las llamadas obras emblemáticas continúan diseñándose para la fotografía política o el corte de listón, en Monterrey comienza a perfilarse una discusión distinta: la de la infraestructura que realmente busca resolver problemas cotidianos antes de que se conviertan en crisis urbanas.

La reciente supervisión del Circuito Vial Huajuco encabezada por el alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza Santos, dejó ver algo más profundo que el avance físico de una obra pública. Para el edil regiomontano, el crecimiento urbano ya no puede seguir dependiendo de soluciones improvisadas, sino de planeación anticipada que permita acompañar la expansión de la ciudad sin repetir errores del pasado.

Con un progreso cercano al 73 por ciento y una inversión superior a los 630 millones de pesos, el proyecto representa un intento por responder a una realidad que durante años fue ignorada: el crecimiento acelerado del sur de Monterrey superó por mucho la capacidad de su infraestructura vial.

Durante décadas, la Carretera Nacional simbolizó desarrollo residencial, plusvalía y expansión urbana, pero también se convirtió en uno de los principales puntos de colapso vial del área metropolitana. Hoy, el Circuito Vial Huajuco —impulsado por la administración que encabeza Adrián de la Garza— busca romper esa dependencia, separando flujos de tráfico local y pesado, conectando colonias y reduciendo tiempos de traslado en una zona donde el congestionamiento dejó de ser molestia para convertirse en desgaste cotidiano.

Sin embargo, el mensaje más relevante no estuvo únicamente en el concreto, los túneles o el puente vehicular que ya alcanza cerca del 75 por ciento de avance. Surgió en la definición política del propio proyecto.

“No se trata de hacer obras emblemáticas, sino obras que resuelvan problemáticas”, expresó el alcalde Adrián de la Garza durante el recorrido, en el cuál tuvo a bien a darme un tiempo y dejar en claro que la prioridad municipal apunta a soluciones funcionales más que a proyectos de exhibición.

La frase parece sencilla, pero marca un contraste con una tradición administrativa donde muchas ciudades priorizaron obras vistosas antes que resultados tangibles. Bajo esta lógica, la infraestructura deja de concebirse como símbolo político y comienza a plantearse como herramienta operativa para que la ciudad funcione mejor.

El planteamiento municipal, sin embargo, no se limita a la movilidad.

En conversación directa, el edil adelantó que Monterrey trabaja paralelamente en una transformación menos visible pero posiblemente más trascendente: la evolución de los actuales centros de monitoreo hacia un sistema C5 respaldado por inteligencia artificial, proyecto que —según explicó Adrián de la Garza— ya se encuentra en fase de desarrollo operativo.

El modelo contempla plataformas capaces de generar reportes automatizados diarios sobre el funcionamiento de cámaras de vigilancia, detección de fallas técnicas y necesidades de mantenimiento en tiempo real. El propio alcalde relató que cada mañana recibe un resumen generado por inteligencia artificial que permite conocer el estado del sistema de videovigilancia y tomar decisiones inmediatas.

Se trata de un cambio silencioso en la forma de administrar la ciudad.

Mientras las vialidades buscan reducir el tiempo perdido en el tráfico, la inteligencia artificial apunta a mejorar la capacidad de respuesta en seguridad y supervisión urbana. Movilidad y vigilancia comienzan así a integrarse dentro de una misma estrategia de anticipación impulsada por el gobierno municipal que encabeza Adrián de la Garza, particularmente relevante ante el crecimiento poblacional y los retos metropolitanos que enfrenta Monterrey.

Incluso, el modelo tecnológico desarrollado por la capital regiomontana ha servido como base para sistemas similares en municipios metropolitanos como Guadalupe, Santiago, Juárez, García, San Pedro y Santa Catarina, lo que confirma que la evolución urbana ya no depende únicamente de expandir calles, sino de administrar información.

La apuesta, en el fondo, parece clara: dejar de reaccionar cuando la ciudad colapsa y comenzar a prever sus necesidades.

Porque al final, la verdadera obra emblemática de una administración no necesariamente es la más costosa ni la más visible.

Es aquella que permite que la ciudad funcione todos los días sin que el ciudadano tenga que pensar en ella.