
Sobre la hora y con el corazón en la garganta, Tigres UANL firmó una de esas noches que quedan marcadas en la memoria de su gente. Cuando el reloj ya no ofrecía margen, apareció Fernando Gorriarán para desatar la locura en el Universitario y sellar un triunfo contundente en el marcador, pero angustiante en la historia: 5-1 ante FC Cincinnati, suficiente para remontar el global y meterse a la siguiente ronda.
El arranque felino fue un vendaval. Apenas acomodándose en la cancha, el equipo ya había golpeado dos veces. Primero, Rodrigo Aguirre apareció en el área para empujar el balón tras un centro preciso, y poco después Ozziel Herrera culminó un contragolpe letal con un disparo colocado. En cuestión de minutos, Tigres había borrado cualquier especulación y tomaba el control absoluto del partido.
El dominio no se detuvo ahí. Cincinnati apenas podía reaccionar mientras los locales insistían con llegadas peligrosas. La sensación era clara: Tigres estaba decidido a no dejar escapar la eliminatoria. Y esa intención se convirtió en goleada apenas iniciado el complemento, cuando Herrera sacó un disparo desde fuera del área que se incrustó en el ángulo, ampliando la ventaja y encendiendo aún más a la tribuna.
El cuarto golpe llegó de manera espectacular. Aguirre, con una definición acrobática dentro del área, firmó un gol que parecía definitivo, uno de esos que suelen cerrar historias. Pero el fútbol rara vez sigue el guion esperado.
Cuando todo apuntaba a una noche tranquila, el conjunto estadounidense encontró vida. Un balón detenido terminó en la cabeza de Kevin Denkey, quien acercó a su equipo y cambió por completo el ambiente. De pronto, el silencio se mezcló con la tensión. Tigres volvía a estar contra las cuerdas, necesitado de un gol para no despedirse.
Los minutos comenzaron a pesar. Las oportunidades aparecían, pero la pelota se negaba a entrar. Ni siquiera los intentos de Herrera, que llegó a estrellar un balón en el travesaño, lograban romper la resistencia rival. Entonces, desde el banquillo, llegaron refuerzos de peso: André-Pierre Gignac y Gorriarán entraron a la cancha con la misión de cambiar la historia.
El tiempo agregado se convirtió en un suspiro largo, en una espera interminable. Y cuando parecía que la hazaña se escapaba, apareció el golpe final. Gorriarán tomó el balón fuera del área, encontró el espacio y sacó un disparo que terminó en el fondo de la red. Gol, explosión, desahogo.
Tigres no solo ganó el partido, sobrevivió a una eliminatoria que tuvo de todo: dominio, dudas, errores y un cierre de película. Ahora, el siguiente capítulo los pondrá frente a Seattle Sounders, con la confianza renovada y la certeza de que, mientras haya tiempo, este equipo no deja de creer.
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Foto: Tomada de https://x.com/TheChampions




