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Gerardo Ledezma

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México: entre el circo, la negación y la costumbre

Si de por sí ver la televisión abierta ya es un acto de resistencia, lo del fin de semana fue un insulto con todas sus letras. Uno prende la tele para distraerse un rato —porque sí, de vez en cuando todavía cae ver futbol— y se topa con un espectáculo que poco tiene que ver con el deporte. Lo que vimos en la transmisión del partido de la Selección Mexicana fue, simple y llanamente, un infomercial disfrazado de futbol.

Ni siquiera es novedad que la selección juegue mal. Eso ya lo sabemos. Lo verdaderamente indignante es que, además de mediocre en la cancha, ahora también sea rehén de una sobreexplotación comercial grotesca. Más de 130 o incluso 160 anuncios en un solo partido, pantallas partidas, gráficas invadiendo la jugada… ya ni ver el balón se podía. Y luego se preguntan por qué la gente se está hartando.

El problema es que no pasa nada. Las televisoras siguen haciendo lo que quieren porque pueden, porque saben que el aficionado —ese que todavía cree— va a seguir ahí. Y mientras tanto, los de siempre, como Javier Aguirre, siguen cobrando como si esto fuera primer mundo, dirigiendo un equipo que no deja de arrastrar el prestigio que alguna vez tuvo.

Pero bueno, cambiamos de canal —metafóricamente hablando— y el país no mejora. Explota una camioneta en el centro del país, dos muertos, posibles vínculos con el crimen organizado… y uno ya sabe cómo termina la historia: versiones oficiales tibias, explicaciones que no convencen y el clásico “se está investigando”. Porque aquí todo explota, menos la verdad.

Y mientras tanto, en las costas del Golfo, toneladas y toneladas de hidrocarburo siguen apareciendo como si fuera parte del paisaje. Cientos de kilómetros afectados, fauna dañada, brigadas trabajando… y aún así, cuesta tanto escuchar a alguien asumir responsabilidades claras. Todo se diluye entre tecnicismos, reportes y discursos que suenan más a control de daños que a soluciones reales.

Así estamos: viendo futbol que ya no es futbol, viviendo violencia que ya parece rutina y respirando un país que se contamina mientras nos dicen que todo está bajo control.

Lo más preocupante no es lo que pasa… sino lo rápido que nos estamos acostumbrando.

PD. Por cierto, la Tía Paty no es Mariana…