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Maltratar a un adulto mayor podría costar hasta cinco años de prisión

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No hay forma elegante de decirlo: quien golpea, humilla o abandona a un adulto mayor no solo comete un delito, comete una traición social. Y aun así, en México esa violencia sigue ocurriendo, muchas veces en silencio y puertas adentro.

La iniciativa impulsada por el diputado Gabino Morales Mendoza pone el dedo en una herida que lleva años abierta. La propuesta busca tipificar de manera específica la violencia contra personas adultas mayores en el Código Penal Federal, con penas que irían de nueve meses a cinco años de prisión, además de sanciones económicas.

No se trata de un matiz legal menor. Se trata de reconocer algo evidente: no es lo mismo agredir a cualquier persona que hacerlo contra alguien en condición de vulnerabilidad por edad. Hoy, ese vacío legal existe, y en la práctica se traduce en impunidad o castigos insuficientes.

La iniciativa define el delito con claridad: cualquier acto de maltrato físico, verbal, psicológico, patrimonial o económico, ejercido con la intención de dominar, someter o controlar. Es decir, no solo los golpes, también el abandono, la humillación, el despojo o la negligencia.

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía no dejan margen para la indiferencia: más de 17 millones de personas en México tienen 60 años o más, alrededor del 14% de la población. Y ese número seguirá creciendo. Es un país que envejece… pero que no necesariamente protege a quienes lo construyeron.

Lo más incómodo del diagnóstico es dónde ocurre la violencia: en casa. Muchas veces, en manos de quienes deberían cuidar. Hijos, familiares, cuidadores. No es un problema lejano ni excepcional; es cotidiano, sistemático y profundamente normalizado.

Y ahí es donde esta propuesta cobra sentido. No solo busca castigar, sino enviar un mensaje: la edad no es debilidad tolerable para el abuso. Al contrario, debería ser motivo de mayor protección. Países como España o Colombia ya consideran la edad avanzada como agravante en delitos violentos. México, hasta ahora, no lo hace de forma consistente.

Las consecuencias del maltrato tampoco son abstractas. Estudios citados en la iniciativa vinculan la violencia con depresión, ansiedad, aislamiento, deterioro físico y agravamiento de enfermedades crónicas. En pocas palabras: se les arrebata calidad de vida a quienes ya enfrentan el desgaste natural del tiempo.

Pero más allá del marco legal, hay una pregunta incómoda que nadie puede evadir: ¿qué tipo de sociedad permite que se maltrate a sus adultos mayores? Porque aquí no solo falla la ley, falla el entorno, la cultura y, muchas veces, la indiferencia.

Endurecer las penas es un paso necesario. Pero no suficiente. La verdadera prueba estará en que estas conductas dejen de ser toleradas, justificadas o invisibles.

Porque al final, el mensaje debería ser claro y sin matices: quien se atreve a violentar a un adulto mayor no merece comprensión, merece consecuencias.

eitmedia.mx