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Gerardo Ledezma

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Herencias, silencios y acero en el mar

Dicen que en política no hay casualidades, y lo ocurrido en Juárez parece confirmarlo. Apenas dejó la silla el ahora exalcalde Félix Arratia —llamado de nuevo al gabinete por Samuel García— y el relevo ya estaba listo, planchado y aprobado: su esposa, Mónica Oyervides, convertida en alcaldesa con el aval del Congreso del Estado.

¿Sorpresa? Ninguna. ¿Mensaje? Bastante claro.

Porque más allá del discurso institucional, lo que queda es la sensación de que el poder no se suelta… se hereda. Y si esto se normaliza, que nadie se extrañe cuando más de uno empiece a preparar la “sucesión familiar” como estrategia política. Total, ya quedó el precedente. Hoy fue Juárez, mañana quién sabe.

Y mientras en lo local se acomodan las piezas como si fueran de casa, en lo nacional el silencio también juega.

La presidenta Claudia Sheinbaum tuvo en sus manos una oportunidad sencilla: explicar. Pero eligió evadir. Cuestionada sobre la presencia de una mujer en un balcón de Palacio Nacional, optó por lo que ya empieza a volverse costumbre: rodear el tema, minimizarlo y dejarlo morir.

Ni explicación, ni deslinde, ni claridad. Solo silencio.

Y el problema no es el hecho en sí, sino lo que revela: cuando algo incomoda, no se responde. Se esquiva. Como si el escrutinio público fuera opcional.

Pero la escena no termina ahí.

Mientras en Palacio se guardan respuestas, en el Pacífico mexicano aparece una postal difícil de ignorar: el imponente USS Nimitz navegando frente a nuestras costas. No es cualquier embarcación, es uno de los símbolos más poderosos del músculo militar de Estados Unidos.

El mensaje oficial, transmitido por el embajador Ronald Johnson, habla de cooperación, de confianza y de una “asociación moderna”. Todo dentro del guion diplomático. Todo en orden… en el papel.

Pero en la realidad, la presencia de semejante máquina naval no pasa desapercibida. No es rutina, es señal. Y las señales, en política, siempre dicen más de lo que se admite.

Así que mientras aquí discutimos herencias políticas y silencios incómodos, allá afuera se mueven piezas de mayor tamaño.

La pregunta es inevitable: ¿habrá respuesta o también habrá silencio?