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Gerardo Ledezma

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Plan B, ecocidio y circo político: cuando el poder pierde el rumbo

Otra vez lo mismo. La historia se repite y los actores también.

En el Senado, el llamado “Plan B” terminó siendo eso: un plan parchado, recortado y negociado al vapor. Y como ya es costumbre, el Partido del Trabajo y el Partido Verde volvieron a jugar su papel favorito: el de bisagra… o el de subasta política.

Primero amagaron, luego condicionaron y al final avalaron. Eso sí, dejando fuera el artículo clave de la revocación de mandato. ¿Convicción? No. Estrategia. O mejor dicho: conveniencia.

El resultado es una reforma mutilada que presume austeridad —recortes, menos regidores, menos presupuesto— pero que en el fondo exhibe lo de siempre: acuerdos en lo oscurito y una mayoría que depende de voluntades frágiles.

Mientras tanto, allá afuera, lejos del mármol legislativo, el país se incendia… o peor aún, se contamina.

El derrame en el Golfo de México no es un accidente menor: es un escándalo ambiental de proporciones mayúsculas. Más de 600 kilómetros de costa afectados, ecosistemas dañados, comunidades abandonadas y, lo más grave, una autoridad que llegó tarde… o simplemente no llegó.

Las alertas estaban. Las imágenes satelitales también. Pero el silencio fue la respuesta.

Hoy nadie sabe con claridad quién es el responsable, no hay transparencia en la información y las acciones de contención parecen más reacción que estrategia. ¿Y el Plan Nacional de Contingencia? Ignorado. ¿Las comunidades? Solas.

Eso tiene nombre: negligencia. Y para muchos, algo peor: un ecocidio que nadie quiere asumir.

Y como si el país no tuviera suficientes problemas reales, el Senado volvió a convertirse en arena de pleitos personales.

La senadora Lilly Téllez lanzó una acusación gravísima al llamar “narcopolítico” a Saúl Monreal. Sin pruebas en la mano, sin consecuencias inmediatas, pero con un efecto claro: degradar aún más el debate público.

La respuesta no tardó. Gritos, confrontación y un receso obligado.

El Senado, otra vez, convertido en espectáculo.

Y ahí está el fondo del problema: mientras el país enfrenta crisis reales —ambientales, de seguridad, económicas— la clase política se pierde entre cálculos, alianzas frágiles y escándalos mediáticos.

Un “Plan B” que nace debilitado, partidos que se venden al mejor postor, un desastre ecológico sin responsables claros y legisladores más preocupados por insultarse que por legislar.

México no necesita más simulación.

Necesita rumbo. Y, sobre todo, seriedad. Hablando de ella, llama la atención de que ayer durante el encuentro entre la President…con a y los empresarios, a su llegada el gobernador Samuel García fue abucheado e incluso hubo quiénes gritaron fuera…¿que haría el muñeco? para tan semejante ofensa.