
Entre ventanas indiscretas, spots impunes y salidas en Washington
Hay historias que parecen sacadas de un mal guion… pero no, son la realidad. Y a veces ni siquiera una realidad seria, sino una especie de tragicomedia política que raya en lo absurdo.
A ver, empecemos por el caso de Florencia Melany Franco Fernández. Hasta hace unos días, un nombre completamente desconocido. Invisible. Una más en la burocracia. Pero bastó una escena —sí, una escena digna de redes sociales— para que su nombre se volviera tendencia. Asomarse en una ventana de Palacio Nacional, tomar el sol, mostrar más de lo que el protocolo dicta y, de paso, mandar al diablo la historia del recinto… pues claro, eso no iba a pasar desapercibido.
Lo más increíble no fue el acto en sí, sino la reacción. Primero el intento de explicación surrealista: que si era Inteligencia Artificial. Sí, como si la realidad ya no fuera suficiente y hubiera que inventarle filtros digitales. Luego el silencio incómodo desde la presidencia. Y finalmente, lo inevitable: la salida. Se fue. Fin del capítulo. Pero deja una pregunta flotando… ¿de verdad nadie vio nada antes? ¿o simplemente se hizo como que no pasaba nada hasta que explotó en redes?
Mientras tanto, en Nuevo León, el viejo guion de siempre. El PRI contra Samuel García Sepúlveda y Movimiento Ciudadano, con un spot que acusa, insinúa y golpea. El gobernador pide bajarlo. El árbitro electoral dice que no. La Instituto Nacional Electoral se lava las manos bajo el paraguas de la “libertad de expresión”. Y entonces la pregunta es inevitable: ¿todo cabe en la libertad de expresión? ¿también la insinuación de delitos sin pruebas?
El resultado es el de siempre: campañas que no informan, sino que enlodan. Spots que no proponen, sino que desgastan. Y ciudadanos atrapados en medio de una guerra política que ya ni sorprende… solo cansa.
Y si alguien pensaba que el absurdo era exclusivo de este lado del mundo, basta voltear a Estados Unidos. La salida del general Randy A. George como jefe del Estado Mayor del Ejército no es un simple movimiento administrativo. Ocurre en un momento delicado, con tensiones militares activas y una ofensiva en curso en Medio Oriente. No es cualquier renuncia. No es cualquier momento.
Porque cuando un mando de ese nivel se va “de manera inmediata”, mientras hay conflictos abiertos… eso no es rutina. Eso es señal. Señal de que algo no está del todo estable en la maquinaria.
Y ahí es donde viene el remate de esta historia: empezamos con una escena casi ridícula en una ventana y terminamos con movimientos militares en una de las potencias más importantes del mundo.



