
Entre balas, discursos y decisiones políticas, el país sigue dando señales preocupantes… y contradictorias.
Ayer, el ataque en Teotihuacán no solo volvió a encender las alertas por la violencia, sino por un patrón inquietante: el agresor tenía material relacionado con la masacre de Masacre de Columbine, perpetrada por Eric Harris y Dylan Klebold. No es un dato menor. Columbine marcó el inicio de una ola de imitadores a nivel mundial, donde agresores buscan replicar —o incluso superar— la notoriedad de aquel crimen. El caso apunta, otra vez, a esa peligrosa mezcla de aislamiento, trastornos psicológicos y consumo de contenidos violentos que terminan convirtiéndose en inspiración para la tragedia.
Y mientras eso ocurre, el discurso oficial vuelve a hacer agua.
Se abre un panorama incómodo: ¿agentes de la Central Intelligence Agency (CIA) en México… y nadie sabía? ¿O nadie quiso decirlo? Porque la presencia de personal estadounidense en operativos no es nueva, pero ahora se pretende desconocer lo que por años ha ocurrido bajo acuerdos discretos. El choque en el Senado, con señalamientos desde Morena contra la gobernadora María Eugenia Campos Galván, deja al descubierto una contradicción: se repite la cantaleta de la “no intervención”, pero los hechos apuntan a cooperación —o permisividad— que hoy incomoda reconocer. La pregunta no es si estaban… sino por qué ahora sí molesta aceptarlo.
En paralelo, la política tampoco da tregua. Con la fuerza de su mayoría, Morena volvió a sacar adelante la designación de consejeros del INE. Se insiste en que son perfiles técnicos, pero el origen pesa: llegaron sin consenso, impulsados desde la Junta de Coordinación Política que encabeza Ricardo Monreal. Así, la independencia electoral deja de ser una certeza y se convierte, otra vez, en un acto de fe.
Y en lo local, el tema tampoco ha pasado desapercibido. El alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, ha reiterado en diversas ocasiones que el Arco de la Independencia no será intervenido ni afectado por las obras en su entorno. Ante las inquietudes que han surgido, el edil ha explicado que el proyecto contempla medidas de protección como bolardos, señalización y ajustes viales para mejorar la seguridad y la movilidad en la zona, incluso con la intención de resaltar el valor del monumento.
Más allá del debate, lo cierto es que este tipo de proyectos ponen sobre la mesa la importancia de mantener una comunicación clara y constante con la ciudadanía, especialmente cuando se trata de espacios con valor histórico y simbólico.




