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Los hipopótamos de Pablo Escobar y el dilema de la eutanasia que Colombia aplazó demasiado

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Bogotá.- Colombia enfrenta por estos días, con respecto a los hipopótamos que pertenecieron a Pablo Escobar, una decisión que fue pospuesta durante demasiado tiempo: controlar una población invasora que se expandió en la región de Magdalena Medio (centro) hasta convertir una extravagancia privada del narcotraficante en un problema ambiental, político y ético de alcance nacional.

Recientemente, el Ministerio de Ambiente anunció que aplicará la eutanasia a un grupo de ejemplares, descendientes de los animales introducidos ilegalmente por Escobar en la década de 1980.

El anuncio de sacrificio de los animales exóticos, previsto dentro de las herramientas de manejo de especies invasoras, tocó una fibra sensible de cierta parte de la población, al punto que los propios biólogos que recomendaron la medida fueron amenazados.

Sin embargo, para los científicos el dilema es si Colombia puede seguir aplazando una intervención mientras la población de animales crece, se dispersa por ríos y humedales, y presiona ecosistemas donde habitan especies nativas con menor visibilidad pública.

Andrés Felipe García Londoño, biólogo, director general de la Fundación Bioethos, miembro del grupo Biodiversos y doctor de la Universidad Autónoma de Occidente, aseguró a la Agencia Sputnik que el problema ya no puede resolverse únicamente con medidas no letales. El especialista dijo que el crecimiento de la población desborda las alternativas que suelen presentarse como más aceptables ante la opinión pública.

“Para ponerlo en contexto: ellos están creciendo a una tasa del 15 por ciento, más o menos. Eso quiere decir que, por cada 100 individuos vivos, el año siguiente hay 115. En este momento tenemos alrededor de unos 200, eso quiere decir que el año siguiente tendremos 230”, señaló.

Esa cifra resume el núcleo del problema, pues cada año nacen decenas de nuevos ejemplares; por lo que cualquier medida que no se proponga retirar del ecosistema al menos ese número de animales, contribuirá con la expansión de la crisis.

“Por más que se hagan las locaciones yendo a los santuarios o supuestos santuarios donde dicen que los llevan, no van a poder con 30 al año. Entonces, ahí ni siquiera estamos cubriendo la cuota de crecimiento”, sentenció.

MUCHAS MEDIDAS, UNA SOLA OPCIÓN

La oferta más reciente provino del millonario Anant Ambani, heredero del conglomerado Reliance Industries e hijo del empresario Mukesh Ambani, quien propuso recibir 80 hipopótamos en Vantara, un centro de rescate y conservación de fauna silvestre ubicado en Gujarat, India.

Según el Ministerio de Ambiente, representantes del centro manifestaron formalmente su intención de avanzar en el proceso para recibir ejemplares procedentes de la cuenca del río Magdalena, siempre que se cumplan las aprobaciones y requisitos regulatorios internacionales.

Pero el traslado internacional, presentado como una salida más humana, enfrenta obstáculos logísticos, sanitarios, jurídicos y diplomáticos.

La esterilización, una de las alternativas más defendidas por quienes rechazan la eutanasia, también tiene límites, según explica el científico. Puede impedir nuevos nacimientos, pero no elimina los impactos de los animales ya presentes, que pueden vivir varias décadas en libertad, indicó.

Un hipopótamo esterilizado no se reproduce, pero sigue ocupando el mismo espacio, consumiendo recursos, alterando cuerpos de agua y representando riesgos para comunidades ribereñas. Por eso García Londoño advierte que esa medida no debe confundirse con un control efectivo de la población ya establecida.

“La esterilización no es una medida de control en el sentido de que uno no puede esterilizar un animal y volverlo a soltar al mismo lado, porque los impactos no van a cambiar”, apuntó.

Y el confinamiento —otra de las medidas analizadas— puede servir para casos puntuales, pero no para una población dispersa en una cuenca extensa y compleja.

“El confinamiento, que es la otra medida que se tiene propuesta, es una labor muy difícil, porque tendríamos que cercar prácticamente toda la cuenca del Magdalena para que estos animales no salgan, no se expandan”, advirtió el experto.

El punto, según entiende, no es descartar las demás medidas propuestas, pues el manejo debe combinar herramientas. Pero solo una de ellas tiene capacidad real de frenar el crecimiento poblacional en el corto y mediano plazo.

“Hay que ser muy claro: la eutanasia es la medida más costoefectiva a largo plazo y la que sí frena el crecimiento. Las otras ayudan, pero no van a frenar el crecimiento exponencial”, aseguró Londoño.

LOS RIESGOS

El científico cree que la resistencia social a la eutanasia tiene una explicación y es que los hipopótamos son animales imponentes, carismáticos y asociados a una historia que mezcla narcotráfico, exotismo, abandono estatal y turismo. En la imaginación colectiva, aparecen menos como una amenaza ecológica que como sobrevivientes de un pasado extravagante.

Esa percepción, sin embargo, oculta el efecto acumulado de su presencia en ecosistemas acuáticos frágiles, pues compiten por espacio y recursos con especies nativas, alteran cuerpos de agua y modifican dinámicas ecológicas que no estaban preparadas para soportar una especie de ese tamaño y comportamiento.

Bajo presión política o emocional, una medida presentada como más compasiva puede terminar causando más sufrimiento que la propia eutanasia, recuerda el experto; también señala que un dardo sedante, por ejemplo, no actúa de inmediato y que un animal acorralado puede escapar o intentar regresar al agua e incluso morir ahogado, como ha ocurrido. “Es demasiado”, apuntó.

Incluso si la logística fuera viable, el traslado internacional exige mucho más que dinero o buena voluntad. Requiere permisos de exportación e importación, acuerdos entre Estados y cumplimiento de la Convención CITES.

También implica evaluar riesgos sanitarios para los países receptores, pues los hipopótamos nacidos en Colombia llevan décadas expuestos a patógenos, parásitos y condiciones ambientales locales.

“Por más dinero que tenga, no es posible, porque hay países que son firmantes del tratado y dicen: “No, un momento”. No es el tema del dinero, es el tema de cuidar las especies nativas de los lugares donde lleguen, es cuidar el tema de la salud pública, es cuidar que no haya un riesgo de invasión después”, afirmó.

Las propuestas surgidas desde India o México revelan, además, otra capa aún más oscura de este llamado. El atractivo de estos animales no se explica solo por su condición de hipopótamos, sino por su origen. Son los hipopótamos de Pablo Escobar, y esa carga histórica los convierte en objetos de deseo para ciertas narrativas internacionales de rescate, exhibición o prestigio privado.

Para el experto, aceptar traslados sin garantías podría convertir una supuesta solución humanitaria en una forma de circulación riesgosa de animales silvestres.

“Entonces, creo que hay que tener cuidado que por una solución que queramos ver como más pacífica nos convirtamos en proliferadores de esta invasión en otros países o de traficantes de fauna. Eso hay que tenerlo muy presente también, en términos de bienestar animal, además”, señaló.

UNA ÉTICA ECOSISTÉMICA

Londoño considera que uno de los mayores daños del debate ha sido convertir la discusión científica en una confrontación moral simplificada. De un lado, los biólogos aparecen retratados como promotores de una matanza; del otro, quienes rechazan la eutanasia son presentados como defensores absolutos de la vida animal.

“Nos han pintado como asesinos, villanos, masacradores, mientras que a los que defienden la otra postura se los ve como salvadores. Y esto es completamente falso. Se ha creado como una narrativa alrededor de eso que, de hecho, nos ha puesto en peligro. Ahí hay mucha gente que nos ha amenazado. Pero nada más lejos de la realidad”, señaló.

García Londoño no niega el sufrimiento animal ni la dificultad que supone la medida. Lo que cuestiona es que la compasión se concentre solo en los hipopótamos y deje por fuera al ecosistema que están transformando.

“Nosotros también tenemos una ética, pero es una ética ecosistémica, una ética que vela por el bienestar del ecosistema en general y no solo de una especie”, explicó.

El hipopótamo puede sentir dolor, pero también altera el agua, las riberas, la vegetación y las relaciones entre especies. Puede ser víctima de una historia humana de irresponsabilidad, pero también convertirse en una amenaza para manatíes, nutrias, tortugas, caimanes y peces.

Para Londoño, la inacción no es una opción neutral ni moralmente superior pues cree que “va a costar, a largo plazo, extinciones de especies de fauna silvestre”. El biólogo advierte que no intervenir puede matar a otras especies de una manera menos visible.

“Tenemos una decisión consciente de que si no hacemos nada vamos a acabar con el manatí, con la nutria, con las tortugas, con los caimanes, porque están todos en el mismo espacio y necesitan prácticamente los mismos recursos: el agua, los pastos, las plantas, los peces que dependen de la pureza del agua”, dijo.

Añadió que, si la medida no se toma, muchas otras especies, “que no se ven directamente involucradas en procesos humanos”, van a desaparecer.

Colombia pudo actuar cuando había menos ejemplares, pero no lo hizo y el resultado es que cualquier intervención será más traumática que hace quince años.

“El mejor momento para actuar fue 2009, cuando había entre 16 y 20 hipopótamos. Y por esa inacción, si no hacemos algo, en el 2030 vamos a tener 500”, advirtió

Para Londoño, cuanto más se aplace el control, más hipopótamos tendrán que morir después, pues una población más grande obligaría a usar métodos más complejos y potencialmente más crueles.

“Incluso desde el punto de vista del bienestar, sería mucho mejor hacerlo ahora que en 5 años, cuando ya van a haber muchos,y tendrán que usarse otras técnicas mucho más crueles, como helicópteros y cosas así”, sostuvo.

“UNA DECISIÓN VALIENTE”

El país declaró al hipopótamo como especie exótica invasora en 2022. Solo en 2024 inició un plan de manejo y ahora el Ministerio de Ambiente decidió avanzar hacia una intervención que incluye eutanasia bajo protocolos técnicos.

García Londoño considera que la ministra de Ambiente, Irene Vélez, asumió un costo que otros gobiernos evitaron

“Fue una decisión valiente. Esta decisión viene con un costo político. Vamos a ver en el futuro el costo político que tendrá para la ministra, pero me pareció una decisión valiente. Es de verdad la única ministra que nos ha defendido públicamente como científicos y ha hecho caso de nuestro plan de manejo”, afirmó.

La eutanasia debe aplicarse con protocolos claros, transparencia, criterios técnicos verificables, control de bienestar animal y seguimiento público. También debe acompañarse de esterilización, confinamiento puntual, monitoreo, prevención de accidentes, educación comunitaria y una estrategia que impida la expansión de la especie hacia nuevos territorios.

Si el Gobierno presenta la eutanasia como una solución única, y no como parte de un plan integral, corre el riesgo de reducir un problema complejo a una medida impopular.

Esto porque la intervención puede ser necesaria, pero su legitimidad dependerá de la rigurosidad técnica con que se ejecute y de la claridad con que se explique.

El caso de los hipopótamos de Escobar resume una de las paradojas más difíciles de la conservación: proteger la vida no siempre significa salvar a todos los individuos de una especie, especialmente cuando esa especie amenaza a todo un ecosistema. (Sputnik)

Fuente: https://noticiaslatam.lat/

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