
El escenario del Teatro del Centro de las Artes de CONARTE se transformó en un espacio de cuestionamiento social y sensibilidad colectiva con la presentación de “Maternar”, una propuesta de danza contemporánea dirigida y coreografiada por Daniela Urías que convirtió el cuerpo en una herramienta de denuncia, memoria y resistencia.
Lejos de limitarse a una experiencia estética, la obra irrumpió como una reflexión profunda sobre las tareas de cuidado que históricamente han recaído sobre las mujeres, visibilizando el desgaste físico y emocional que muchas veces permanece oculto bajo la idea romántica del sacrificio y la entrega.
La producción, integrada únicamente por bailarinas y respaldada a nivel nacional mediante EFIARTES, plantea desde el movimiento una pregunta incómoda pero necesaria: quién sostiene a quienes dedican su vida a sostener a otros.
Daniela Urías explicó que el proyecto nació desde la duda personal y no desde la experiencia de la maternidad biológica. A partir de investigaciones literarias y conversaciones colectivas, la creadora comenzó a explorar cómo el cuidado ha sido asumido culturalmente como un destino femenino aprendido desde la infancia.
La coreógrafa relató que el proceso creativo evolucionó hacia un ejercicio horizontal donde las intérpretes aportaron experiencias propias, convirtiendo el montaje en una construcción compartida que dialoga con conceptos feministas como el “acuerpar”, entendido como poner el cuerpo y la energía al servicio de la vida y de la comunidad.
La pieza se desarrolla mediante distintos segmentos cargados de simbolismo visual y emocional. Escenas inspiradas en redes de apoyo, cargas invisibles, refugio, identidad y ciclos naturales construyen una narrativa corporal que oscila entre el agotamiento y la resistencia colectiva.
Estrenada originalmente en 2023, “Maternar” ha logrado posicionarse dentro de importantes circuitos nacionales de danza contemporánea, tras su paso por escenarios como el festival Un Desierto para la Danza y Danza UNAM, además de haber sido semifinalista del Premio Nacional de Danza INBAL-UAM.
La propuesta coreográfica destaca por convertir el escenario en una especie de fotografía en movimiento, donde cada cuerpo se vuelve una extensión simbólica de temas como la ternura, la sobrecarga emocional y la necesidad de compartir las responsabilidades del cuidado.
Hacia el cierre de la obra, la atmósfera evoluciona hacia una experiencia más sensorial inspirada en el agua, la naturaleza y los ciclos colectivos, evocando antiguas formas de supervivencia comunitaria donde sostener la vida era una tarea compartida y no individual.
Para Daniela Urías, presentarse en Monterrey significó dialogar con una sociedad donde aún persisten estructuras tradicionales muy marcadas alrededor de la maternidad y los roles de género. Sin embargo, sostuvo que precisamente uno de los objetivos de la pieza es romper esa distancia entre quien observa y quien vive en carne propia el peso de cuidar.
La creadora reconoció además que el montaje transformó su propia visión sobre la maternidad, llevándola a entenderla desde una dimensión más colectiva y menos solitaria.
“Dejar el cuidado en manos de una sola mujer es desolador; entender la vida como algo colectivo genera comunidad”, expresó.
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