
El Arte de defender lo indefendible
Hay políticos que gobiernan. Hay políticos que explican. Y hay políticos que, simple y sencillamente, dedican buena parte de su tiempo a defender lo que para el ciudadano común resulta imposible de justificar.
El segundo informe de la presidenta Claudia Sheinbaum volvió a dejar una sensación que cada vez resulta más difícil de ignorar: cuando los cuestionamientos llegan desde el extranjero, particularmente desde Estados Unidos, la respuesta automática del oficialismo ya no es aclarar, investigar o transparentar. La estrategia parece ser otra: envolverse en la bandera de la soberanía nacional y presentar cualquier señalamiento como un ataque contra México.
La Presidenta habló de injerencia extranjera. Habló de presiones. Habló de intentos de intervención. Lo que no explicó con la misma profundidad es por qué los nombres que hoy aparecen en las investigaciones estadounidenses no son personajes cualquiera. Entre ellos figura nada menos que el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, uno de los hombres más cercanos al movimiento gobernante.
Y ahí es donde surge la pregunta incómoda: ¿defender la soberanía significa también defender automáticamente a cualquier político señalado, aunque las sospechas sean graves?
Porque una cosa es rechazar la intervención extranjera y otra muy distinta convertir a personajes bajo sospecha en mártires políticos antes de que se conozcan todos los elementos del caso.
Mientras tanto, en Nuevo León, Morena decidió demostrar músculo político. Y hay que reconocerlo: por primera vez en muchos años ya no pudieron contarse con los dedos de las manos los asistentes a una concentración morenista en la Macroplaza.
La fotografía fue distinta.
Cientos de simpatizantes, dirigentes, legisladores y aspirantes desfilaron por la Explanada de los Héroes para escuchar el mensaje presidencial. El partido logró enviar un mensaje político importante en un estado históricamente adverso para la llamada Cuarta Transformación.
Claro que, como siempre ocurre en estos casos, las malas lenguas comenzaron a hacer su trabajo. Algunos aseguraban que llegaron contingentes de otros estados, incluso de Coahuila. Otros sostenían que hubo movilización organizada para llenar la plaza. Sea cierto o no, la realidad es que Morena consiguió algo que hace apenas unos años parecía impensable: mostrar presencia y capacidad de convocatoria en territorio nuevoleonés.
Y en política, las percepciones suelen pesar tanto como los hechos.
Por otro lado, resulta imposible ignorar el espectáculo que sigue ofreciendo el nuevo Poder Judicial.
Escuchar a algunos de quienes hoy integran o integrarán la nueva Suprema Corte provoca más dudas que tranquilidad. La declaración de Lenia Batres asegurando que la carrera judicial no es necesaria para ser juzgador podría sonar revolucionaria para algunos, pero para muchos otros representa una preocupante señal de improvisación.
Porque si algo debería distinguir a quienes imparten justicia es precisamente la preparación, la experiencia y el conocimiento especializado.
Pretender que la formación judicial es un asunto secundario equivale a decir que para operar un avión no hace falta pasar por una escuela de aviación.
Quizá el comentario sea exagerado, pero el mensaje que reciben millones de mexicanos es igual de preocupante.
Y mientras unos discuten sobre soberanía, otros sobre tribunales y algunos más sobre candidaturas, en Nuevo León sigue avanzando uno de los casos más extraños de los últimos meses.
Patricio “Pato” Zambrano continúa defendiendo su versión respecto al polémico episodio ocurrido en Apodaca.
Él asegura que intentaba ayudar a una mujer de la tercera edad. La Fiscalía, en cambio, mantiene abierta una investigación por un presunto caso de despojo.
Por ahora no entraremos a fondo en ese asunto porque será la autoridad quien determine responsabilidades.
Pero hay un detalle imposible de ignorar: nuevamente aparecen personajes que se hacían pasar por fiscales, funcionarios o representantes de organismos públicos. Los famosos “piratas de la ley” que durante años operaron aprovechándose de vacíos legales y de la confusión de ciudadanos vulnerables.
Algunos ya están tras las rejas.
Otros siguen bajo investigación.
Y algunos más insisten en presentarse como víctimas.
La historia todavía no termina.
Pero si algo nos dejó esta semana es una lección simple: en la política mexicana cada vez parece más común encontrar personas dispuestas a defender lo indefendible, justificar lo injustificable y convertir cualquier señalamiento en una conspiración.
El problema no es que lo intenten.
El problema es cuando empiezan a convencerse de que la ciudadanía ya no distingue la diferencia.



