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Gerardo Ledezma

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La fiesta, la carne asada y el elefante en la sala

Esta semana comienza oficialmente el Mundial 2026 en México. Nuevo León será protagonista internacional gracias a que el Estadio BBVA fue elegido como una de las sedes de la máxima justa futbolística. Durante meses nos han repetido que estamos ante una oportunidad histórica para mostrar al mundo la mejor cara del estado, presumir infraestructura, capacidad organizativa y la fortaleza económica de la región.

Sin embargo, mientras se afinan los últimos detalles para recibir a miles de visitantes, hay un enorme elefante en la sala que nadie parece querer mencionar.

Porque detrás de la fiesta mundialista existe un país con problemas que no desaparecen por decreto, ni porque lleguen cámaras internacionales, ni porque los gobiernos decidan mirar hacia otro lado.

Las desapariciones siguen ahí.

La inseguridad sigue ahí.

La crisis de salud sigue ahí.

Las carreteras siguen ahí.

Los reclamos sociales siguen ahí.

Y precisamente por eso comienzan a surgir advertencias sobre posibles manifestaciones, protestas y expresiones de inconformidad de diversos colectivos que consideran que el Mundial puede convertirse en el escaparate perfecto para mostrar una realidad que el gobierno federal ha preferido administrar a base de discursos, promesas y largas esperas.

La historia demuestra que los grandes eventos internacionales suelen convertirse en vitrinas globales para las causas sociales. Ocurrió en Juegos Olímpicos, en Copas del Mundo y en múltiples eventos internacionales. Pensar que México será la excepción podría ser un grave error de cálculo político.

Pero mientras algunos hablan de estos riesgos, en Nuevo León la conversación pareció tomar otro rumbo.

En plena Mega Cabalgata Norteña, el gobernador Samuel García sorprendió al anunciar que durante las actividades mundialistas habrá cerveza gratis, refrescos gratis y mucha carne asada para los asistentes.

Uno escucha semejante declaración y no sabe si se trató de un golpe de calor, de la emoción del momento o simplemente de una estrategia para mantener el ánimo festivo.

Porque mientras unos hablan de desaparecidos, otros hablan de carnita asada.

Mientras unos exigen respuestas, otros prometen cerveza.

Mientras unos cuestionan, otros organizan rifas.

Y así transcurre la preparación del evento más importante que recibirá México en décadas.

Por si fuera poco, también comienzan a circular versiones sobre las estrictas medidas de control comercial que suele imponer la FIFA durante sus torneos. Restricciones para negocios, limitaciones de marcas, zonas exclusivas de patrocinio y hasta posibles sanciones para quienes utilicen o exploten comercialmente contenidos relacionados con los partidos sin autorización.

La pregunta es inevitable: ¿hasta dónde llega el negocio?

Porque si conseguir boletos ya se ha convertido en una auténtica locura para millones de aficionados, ahora pareciera que el futbol también corre el riesgo de convertirse en un espectáculo cada vez más exclusivo, más controlado y más distante de la gente que históricamente le dio vida.

El Mundial está aquí.

La fiesta está lista.

Las cámaras del mundo están por encenderse.

La verdadera incógnita es qué imagen terminará viendo el planeta: la de la cerveza y la carne asada, o la de los problemas que durante años han permanecido esperando una solución… de una 4T.

Y esa respuesta, por mucho que algunos quieran evitarla, no la decidirá la FIFA.