
Por: Carlos Morales
Montevideo (Mesa Américas).- Alfa Karina Arrué, la primera salvadoreña en coronar el Everest, busca un nuevo hito personal y para el montañismo de su país: domar al “Leopardo de las Nieves”, el imponente monte Elbrús, en el Cáucaso ruso.
“Voy a hacer el Elbrús, la montaña más alta de Rusia y de Europa, que sería mi sexta cumbre continental”, adelantó Arrué a la Agencia Sputnik, a pocas horas de emprender una expedición que encara con emoción, optimismo y con sus propios fondos.
No solo le ilusiona sumar otra de las “Seven Summits” (las montañas más altas de cada continente), sino superar el desafío técnico que plantea este volcán dormido, de 5.642 metros sobre el nivel del mar (msnm), clima impredecible, muchos glaciares y poco oxígeno.
Llega, además, con la recarga espiritual de su reciente regreso al Himalaya, donde fue una de los 50 homenajeados por el Gobierno de Nepal en el marco del Día Internacional del Everest a montañistas con más méritos que haber subido al techo del mundo.
En su caso, fue reconocida por su trayectoria inspiradora, su respeto demostrado hacia el Everest y cada montaña que escala, pero también por venir de un país como El Salvador, sin cumbres nevadas, hipotecando incluso su casa para perseguir sus sueños.
“Reconocieron (las autoridades nepalíes) que siempre estoy inspirando a la gente a que entrenen, transmitiendo el amor y cuidado a las montañas, que son sagradas. Me sentí muy, muy conmovida, por haber sido elegida entre miles”, explicó Arrué a esta agencia.
En lo personal, volver a Nepal fue algo sentimental: “el día que llegué fui a los templos, para agradecer y pedirle a las montañas que me permitan seguir escalándolas”, relató la salvadoreña, quien ya tenía entonces en la mira otra cima, la mayor de Europa.
Para la expedición al Elbrús, organizada por la montañista uruguaya Vanessa Estol, Arrué tendrá el incentivo extra de ser “team leader” (líder de equipo), una responsabilidad reservada para los montañistas que han demostrado buen juicio en circunstancias límite.
En tal sentido, la salvadoreña tiene un probado historial de supervivencia en entornos de gran hostilidad, tanto climática como humana, en un mundo donde persisten prejuicios machistas que, en su caso, la pusieron al borde la muerte en su primer asalto al Denali.
Sin embargo, que el porcentaje de mujeres que practiquen el alpinismo sea mucho menor no desalienta a Arrué; al contrario, se siente orgullosa de representar a El Salvador y de “inspirar a jóvenes para que no tengan miedo en ponerse metas altas”.
DESAFÍOS DEL ELBRÚS
Aunque el monte Elbrús no exige una escalada en roca muy técnica, es una montaña que suele subestimarse porque tiene un teleférico que ahorra los primeros kilómetros de caminata, aunque el resto del trayecto entraña peligros muy reales.
De hecho, el principal error de muchos montañistas es intentar subir demasiado rápido, sin aclimatarse a la menor concentración de oxígeno, lo cual suele desencadenar el Mal Agudo de Montaña (MAM) o, en casos graves, edemas pulmonares o cerebrales que obligan a evacuar de emergencia.
Por otro lado, debido a su ubicación entre el Mar Negro y el Mar Caspio, el Elbrús actúa como un pararrayos para las tormentas, y el clima en sus laderas puede pasar de un sol radiante a una tormenta de nieve con vientos huracanados en cuestión de minutos.
A su vez, las temperaturas en la cumbre pueden desplomarse fácilmente por debajo de los -20 grados Celsius o menos, provocando congelaciones severas si no se cuenta con el equipo adecuado.
Además, el Elbrús está cubierto por 22 glaciares activos: fuera de las rutas comerciales, perfectamente señalizadas, el terreno es un campo minado de grietas profundas ocultas bajo capas delgadas de nieve.
Otro problema: cuando las nubes bajas cubren la montaña o se desata una tormenta de nieve, se produce el fenómeno del “whiteout”, esto es, la pérdida total de visibilidad, pues la tierra y el cielo se confunden en un solo color blanco.
En las anchas y homogéneas laderas superiores del Elbrús perder la ruta es sumamente fácil, sobre todo los montañistas que se aventuran sin guía, equipos de navegación GPS o la aclimatación necesaria, asumiendo que se trata de “una caminata larga sobre nieve”.
No es el caso de Alfa Karina: su rigor, meticulosidad y respeto por la montaña le han permitido coronar más de 700 cumbres, incluidas las más altas de Asia (Everest, 8.849 msnm), Sudamérica (Aconcagua, 6.961), África (Kilimanjaro, 5.895), Oceanía (Puncak Jaya, 4.884) y Norteamérica (Denali, 6.190).
Por lo pronto está en Rusia, a la espera de los permisos para emprender la travesía, y con la determinación de conquistar el Elbrús para enfocarse en el Monte Vinson, en la Antártida, y completar el circuito de las imponentes “Seven Summits”. (Sputnik)
Fuente: https://noticiaslatam.lat/
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