martes, 30 junio 2026
32 C
Monterrey

Cuando Mare Abajo despertó, la tragedia de los terremotos seguía en La Guaira

Últimas Noticias

La Guaira (Venezuela).- Despertar cada amanecer en el sector Mare Abajo es confirmar que los terremotos del pasado miércoles no fueron un mal sueño, sino la pesadilla en que se ha convertido la realidad en el estado venezolano de La Guaira (norte).

“Ha sido muy fuerte, muy duro, porque hay mucha gente fallecida, mucha gente bajo los escombros, muchos niños que quedaron sin sus padres… Pero aún dándole la gloria a Dios porque estamos vivos”, comentó a la Agencia Sputnik la joven Carolai Colina, residente en dicha urbanización de la parroquia (barrio) Carlos Soublette.

En decenas de carpas improvisadas intentan dormir los cientos de vecinos de esta franja costera que sobrevivieron a los dos devastadores sismos que, con apenas 39 segundos de diferencia, sembraron de muerte y destrucción el norte de Venezuela.

De no ser por la certeza de que todo fue obra de la fuerza telúrica, el lugar parecería una zona de guerra, el escenario de un bombardeo, alrededor de cuyas ruinas crece un campamento de refugiados, donde es difícil contener la sensación de desamparo, frustración e incredulidad.

Aquí, donde las edificaciones entregadas por el Gobierno solían albergar proyectos de vida, hoy solo quedan estructuras agrietadas, fachadas deterioradas y la sombra del luto por los vecinos fallecidos, una cifra aún sin determinar entre los más de 1.700 confirmados.

“Desde el 24 de junio todos los vecinos estamos durmiendo en las calles. Ha venido personal civil a ayudarnos, prestarnos la colaboración. Pasan, dejan lo que es comida, agua y cosas que necesite la gente, pañales para los niños y leche”, cuenta a esta agencia Mario Lozada, a cuyas espaldas sigue en pie lo que fue un edificio amarillo que perdió toda su fachada.

Lozada cuenta que madruga para garantizar el arranque del día: algo para comer, algo de agua para beber o asearse, y esperar que lleguen los ingenieros o los bomberos que dictaminen cuán seguro es volver al edificio donde vive, que no se cayó, y eso le asusta más.

A pocos metros, María de Gudiño, vecina de la Torre H, evoca el violento estruendo de los sismos que la obligaron a huir casi a ciegas, llevándose como pudo a a su esposo, a su hijo y a sus ancianos padres, todos con discapacidad.

“Yo sí quiero irme a refugio porque tengo mi familia, no puedo seguir aquí en esta zona ya de alto riesgo también. Quiero irme a un sitio que esté yo más seguro con mi familia, ya que tengo mis padres discapacitados y mi hijo discapacitado y yo”, recalcó.

PANORAMA DESOLADOR

El panorama en la primera línea de la costa es desolador: cientos de personas que lo perdieron todo cocinan, duermen y subsisten a la intemperie, compartiendo el mismo suelo que el terremoto fracturó.

“Hay muchísima gente, mucha gente, que necesita ser rescatada, hacia Caribe, Macuto, hacia Catia La Mar, gente que está todavía viva bajo los escombros, y los rescatistas han dado todo por el todo en esta labor, no han descansado”, reconoció Colina.

De hecho, cuando la Agencia Sputnik abordó a Colina, ella estaba preparando agua con limón, hielo y sal para los rescatistas, “para que se hidraten, porque muchos se han desmayado de las horas que llevan sin descansar para poder sacar a las personas que todavía están vivas o muertas bajo de los escombros”, explica.

A diferencia de Gudiño, Colina dice que prefiere quedarse en Mare Abajo a esperar, porque piensa que en los refugios la situación es peor.

Criterios aparte, se mantiene el flujo de ayuda humanitaria civil y estatal que trae agua, comida y asistencia médica; no obstante, el temor se reactiva cada noche, cuando la falta de electricidad -y de certezas- sumerge al sector en una densa oscuridad. (Sputnik)

Fuente: https://noticiaslatam.lat/

eitmedia.mx