
¿Y si sí? México vuelve a creer… pero el Mundial también nos deja grandes lecciones
Durante años el famoso “quinto partido” fue una losa que acompañó al futbol mexicano. Se convirtió en motivo de burlas, de frustraciones y de una resignación casi hereditaria entre generaciones de aficionados que crecieron escuchando que “ahora sí” y terminaban viendo la misma historia repetirse.
Hoy, por fin, esa barrera quedó atrás.
México volvió a instalarse entre los mejores del mundo y, guste o no, ha recuperado algo que parecía perdido desde hace muchos años: la ilusión.
No hablamos de triunfalismo. Mucho menos de creer que la Copa del Mundo ya está ganada. Hablamos de algo mucho más importante: volver a competir de tú a tú, sin complejos, sin sentirse inferior y demostrando que cuando existe un proyecto deportivo serio, los resultados comienzan a aparecer.
Ahora viene el verdadero examen.
Habrá que esperar si el siguiente rival es Inglaterra o la República Democrática del Congo. En el papel, los ingleses lucen como favoritos, pero este Mundial ya demostró que las estadísticas sirven hasta que rueda el balón. Más de una potencia ya hizo las maletas antes de tiempo.
Y si México logra superar ese obstáculo…
Entonces sí estaríamos hablando de algo que ninguna generación ha vivido.
De un país soñando con una semifinal mundialista.
¿Es posible?
Claro que sí.
¿Será sencillo?
Definitivamente no.
Hasta ahora, si algo ha dejado claro esta Copa del Mundo es que Francia parece ser el equipo más completo del torneo. Tiene velocidad, experiencia, profundidad y un Kylian Mbappé que juega como si perteneciera a otra dimensión futbolística.
Muy cerca aparece Noruega. Tal vez no estaba en la lista de favoritos antes del Mundial, pero ver jugar a Erling Haaland, Martin Ødegaard y compañía basta para entender por qué hoy son uno de los candidatos más serios al campeonato.
Argentina jamás puede descartarse. Los campeones siempre encuentran la manera de competir cuando llegan estas instancias.
Y Portugal continúa teniendo en Cristiano Ronaldo a un líder que, contra cualquier pronóstico, sigue cargando sobre sus hombros buena parte de las aspiraciones lusitanas.
Pero esta Copa del Mundo también nos ha enseñado que el futbol es mucho más que noventa minutos.
Hemos visto ciudades convertidas en auténticas fiestas internacionales. Aficiones que no hablan el mismo idioma, pero que terminan cantando juntas. Mexicanos abrazando a japoneses, marroquíes celebrando con neerlandeses, brasileños conviviendo con canadienses.
Esa es la mejor cara del deporte.
Sin embargo, también apareció la otra.
El racismo sigue presente en algunos estadios. Persisten expresiones de intolerancia y escenas donde ciertos grupos dejan claro que no todos ven con agrado la llegada de visitantes extranjeros. El futbol une, sí… pero también exhibe las heridas sociales que el mundo todavía no logra cerrar.
Quizá esa sea la mayor enseñanza de este Mundial.
La pelota puede romper barreras durante un partido, pero la convivencia se construye todos los días.
Mientras tanto, México ya hizo lo más difícil.
Volvió a hacer creer a millones.
Y eso vale mucho más que cualquier estadística.
Ahora toca mantener los pies sobre la tierra.
Porque los sueños más grandes suelen comenzar exactamente así… cuando un país entero se atreve a preguntarse, sin miedo:
¿Y si sí?
Nota: Cierro mi comentario con el desmadre que son los regios acompañados de foraneos. Ayer les dieron la notificación no cabe nadie más en el Fan Fest y las escenas fueron de ir a desmadrar puertas, rejas hasta ingresas. Por fortuna no pasa a mayores, algunos con rasguños, empujones e incluso gaseados. Pero nada que lamentar.
Aquí les dejó la fotos enviadas de la Macro, Parque Fundidora y del Parque del Lago que es una maravilla.






