
El Mundial también deja fuera de la cancha a los verdaderos protagonistas
Mientras el balón sigue rodando y los reflectores apuntan a los cuartos de final de la Copa del Mundo, hay historias que demuestran que el futbol no solamente se juega sobre el césped. También se disputa en las oficinas, en los tribunales, en los despachos gubernamentales y hasta en las cuentas bancarias.
Porque el Mundial, como la vida, tiene héroes, villanos y muchas zonas grises.
Empecemos por casa.
Guadalupe puede presumir que jugó uno de sus mejores partidos. Héctor García entendió desde el principio que organizar una Copa del Mundo no consistía únicamente en recibir aficionados, sino en saber negociar. Mientras muchos municipios discutían quién debía pagar qué, Guadalupe logró convertirse en Ciudad Colaboradora de la FIFA y consiguió algo que parecía imposible: que el organismo internacional pagara alrededor de 50 millones de pesos por concepto del impuesto derivado de la venta de alcohol durante los partidos celebrados en el Estadio Monterrey.
No es una cifra menor.
En tiempos donde los municipios viven con presupuestos limitados, conseguir recursos extraordinarios sin endeudar a los ciudadanos es un gol que vale más que cualquier celebración en la tribuna. Si ese dinero realmente termina convertido en mejores calles y servicios públicos, entonces el Mundial habrá dejado algo más importante que fotografías con aficionados extranjeros.
Pero no todo alrededor del futbol huele a victoria.
Del otro lado aparece Argentina.
Dentro de la cancha sigue ganando. Fuera de ella, las dudas vuelven a perseguirla.
La eliminación de Egipto dejó mucho más que una derrota deportiva. Las declaraciones del técnico Hossam Hassan y de varios jugadores fueron explosivas. Hablaron de un Mundial inclinado hacia Argentina, de decisiones arbitrales cuestionables y de un supuesto interés comercial para mantener con vida a Lionel Messi y a los campeones del mundo.
Las palabras, por sí solas, pueden ser parte del enojo de quien acaba de quedar eliminado.
Lo delicado es que después llegó una queja formal de la Federación Egipcia ante la FIFA para exigir una investigación sobre el arbitraje del francés François Letexier y el trabajo del VAR.
Y cuando las sospechas dejan de ser declaraciones aisladas para convertirse en documentos oficiales, la percepción cambia.
La FIFA tiene ahora la obligación de responder con absoluta transparencia. El peor enemigo de cualquier competencia deportiva no es un mal arbitraje; es la duda de que alguien juega con ventaja desde el escritorio.
Como si eso no bastara, otra sombra vuelve a aparecer sobre el futbol argentino.
Mientras la selección celebra su clasificación, la Asociación del Futbol Argentino enfrenta una investigación federal en Estados Unidos. De acuerdo con información publicada por el diario La Nación, fiscales del Departamento de Justicia y agentes del FBI buscan reconstruir operaciones financieras relacionadas con recursos administrados por la AFA a través del sistema bancario estadounidense.
No existen acusaciones formales ni culpables determinados.
Pero otra vez el futbol argentino aparece bajo el reflector por asuntos que nada tienen que ver con lo que ocurre dentro del terreno de juego.
Y cuando se acumulan los cuestionamientos sobre arbitrajes, relaciones privilegiadas con la FIFA e investigaciones financieras, inevitablemente la conversación deja de centrarse únicamente en los goles.
Finalmente, fuera del universo futbolístico, otro caso exhibe una realidad incómoda.
La detención del exdirector de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, acusado de violencia familiar, golpea directamente uno de los discursos más recurrentes del actual gobierno: la defensa de las mujeres.
Las imágenes difundidas por su propia esposa son estremecedoras.
No se trata de una disputa política.
Se trata de una denuncia que deberá resolverse conforme a derecho, pero que al mismo tiempo obliga a recordar que los principios no pueden quedarse en conferencias de prensa ni en discursos oficiales.
La igualdad, el respeto y la protección a las mujeres no admiten excepciones dependiendo del cargo que haya ocupado el presunto agresor.
Porque cuando quien hablaba de soberanía, justicia o derechos humanos termina sentado frente a un Ministerio Público, el problema ya no es solamente jurídico; también es profundamente moral.
Así transcurre este Mundial.
Un municipio que convierte el futbol en beneficios para su gente.
Una selección campeona rodeada nuevamente por sospechas que ensucian sus triunfos.
Y un exfuncionario que recuerda que la congruencia no se presume; se demuestra.
Al final, como en cualquier partido, el marcador más importante no siempre aparece en la pantalla del estadio.
Muchas veces, el verdadero resultado se escribe fuera de la cancha.





