
Ramiro Barreiro
Montevideo (Mesa Américas).- En los últimos años, el furor por el carpincho ha crecido en Latinoamérica, donde el viernes se celebra el Día de la Apreciación del Carpincho, y se ha expandido, incluso, a otras latitudes también cautivadas por su comportamiento afable y despreocupado.
Es a través de esa admiración que también podemos escuchar a la tierra, dicen los expertos.
“Son especies que modelan los ambientes naturales”, explica a la Agencia Sputnik el naturalista argentino Claudio Bertonatti, al referirse a los carpinchos, capibaras o chigüiros -sus diferentes nombres-, que este viernes son conmemorados en gran parte del continente.
Este efecto también es producido por otras especies en el mundo. El ejemplo más conocido es el del castor que con sus diques puede modificar todo un paisaje, como ocurre en la Patagonia argentina/chilena.
“En EEUU han reintroducido los lobos en el parque nacional Yellowstone, y los lobos han provocado un efecto que llamamos cascada trófica. Han provocado una sucesión de cambios en la cadena alimenticia que modelaron el paisaje, a tal punto que han devuelto agua a los ríos. Es decir, modelaron totalmente de manera siempre positiva”, reseña Bertonatti.
BRASIL
En el centro-oeste de Brasil, los capibaras son bioindicadores no invasivos de contaminación en ambientes urbanos, según un estudio de 2024 de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul.
Según la pesquisa realizada en Campo Grande con muestras fecales recogidas en cuatro parques urbanos, se cuantificaron concentraciones de aluminio, arsénico, cadmio, cobalto, cromo, cobre, manganeso, molibdeno, níquel, plomo y zinc.
Las muestras fueron secadas, trituradas y analizadas mediante espectrometría de emisión óptica con plasma acoplado inductivamente (ICP-OES).
El sitio más comprometido fue el Lago do Amor, donde vive una población de carpinchos, que recibe agua de arroyos que atraviesan la ciudad y posiblemente esté contaminada por la actividad humana.
Algunos metaloides cuantificados en las heces de estos animales presentan concentraciones superiores a las encontradas en otros mamíferos, incluso algunos permiten suponer riesgos potenciales para la salud de niños y adultos debido a la ingestión oral involuntaria de heces, la inhalación y el contacto dérmico.
ESTEROS DEL IBERÁ
Volviendo a Argentina, pero sin salir del mismo sistema de humedales, el carpincho también es un gran inspector de aguas.
“El carpincho es un herbívoro, es un herbívoro de gran tamaño, es el roedor más grande del mundo, puede pasar tranquilamente los 50 kilos de peso. Y, como todos los herbívoros de gran tamaño, ejercen una presión de pastoreo alta, sobre todo el carpincho, que, en general, en condiciones naturales, tiene abundancias altas en el ecosistema”, explica a esta agencia el biólogo Sebastián di Martino.
Esa presión en pastizales hace que disminuya la altura de las plantas más altas, y favorece la entrada de sol a las zonas más bajas, permitiendo que crezcan otras plantas, y aumentando la diversidad.
“También reduce la cantidad de materia seca, porque, si no hubiera consumo, toda esa vegetación que no se consume se transforma en materia seca, y eso muchas veces aumenta las probabilidades de incendios, algo que está muy bien estudiado con herbívoros”, añade el especialista, con vasta experiencia en la restauración de especies y ambientes.
Al eliminar sus heces, el capibara aporta al suelo grandes cantidades de nutrientes, como nitrógeno y fósforo. “Participa en el ciclo de aporte de nutrientes, fertiliza el suelo. A veces, come en un lado y defeca en otro, con lo cual también transporta nutrientes entre ambientes”, agrega.
Por último, y debido a su alta tasa de natalidad, es una presa abundante para grandes carnívoros, como el puma, el yaguareté, y cuando son crías o juveniles, para otros, como zorros o gatos monteses, por lo que su número de individuos es, a la vez, un indicador de vitalidad de esas fieras.
El Día Mundial del Carpincho, o Día de la Apreciación del Capibara, nació como iniciativa popular para destacar la importancia ecológica del roedor más grande del mundo, promover su conservación y admirar su carismática personalidad.
Hoy son los presentadores de ese gran elenco conocido como “megafauna carismática”, especies que atraen interés popular en función de generar educación para el compromiso, amor por lo natural y valoración del ecosistema que integramos. Un papel que alguna vez tuvieron lémures, pandas, o delfines.
Sin embargo, el carpincho no ganó su fama por películas o campañas de protección de la biodiversidad. Muy por el contrario, su capacidad reproductiva es amplia, y su adaptabilidad urbana muy alta.
Asimismo, no es solo un atractivo infantil, sino que muchas personas adultas ven en la especie una representación de la paz mental, anti estrés y convivencia en armonía, al ser un animal gregario, que puede convivir con yacarés, aves o tortugas, sea en los esteros del Iberá, el Pantanal o los llanos venezolanos.
Y ahora también sabemos: ofrecer una evaluación precisa del ecosistema en el que vivimos. (Sputnik)
Fuente: https://noticiaslatam.lat/
Foto: Tomada de https://redeschaco.org/
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