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Gerardo Ledezma

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Andy reclama a Washington lo que la oposición pide en México: derecho a réplica, además…

Aquí está una de esas paradojas que la política mexicana nos regala casi todos los días: Andrés Manuel López Beltrán reclama a Washington explicaciones por la cancelación de su visa, mientras en México la oposición reclama precisamente lo mismo que él está haciendo frente al Gobierno estadounidense: que exista un espacio para responder, cuestionar y defenderse.

Andy recibió una decisión de Estados Unidos y respondió con una carta dirigida a Donald Trump. Y no fue precisamente una carta diplomática. Habló de una “burda y perversa canallada”, señaló a funcionarios estadounidenses y exigió explicaciones.

Perfecto. Tiene todo el derecho de defenderse y expresar su inconformidad.

Pero entonces viene la pregunta inevitable: ¿por qué ese derecho debería ser válido cuando se trata de Washington y convertirse en otra cosa cuando la oposición reclama ser escuchada en México?

El PAN quiere derecho de réplica en las mañaneras. La presidenta Claudia Sheinbaum sostiene que la oposición tiene otros espacios para responder. Y ahí está precisamente el punto: si todos tienen derecho a hablar, también deberían tener derecho a responder cuando son señalados desde una tribuna con una enorme exposición pública.

No se trata de darle la razón al PAN ni de quitarle la razón a la Presidencia. Se trata de algo mucho más sencillo: las reglas deben servir para todos.

Porque resulta difícil exigir respeto, explicación y derecho de respuesta en Washington y al mismo tiempo considerar incómodo que los adversarios políticos pidan exactamente lo mismo en Palacio Nacional.

Y mientras en las alturas se cruzan cartas, declaraciones y acusaciones, en Nuevo León comienza a aparecer otro ingrediente de la política: las futuras sucesiones municipales.

En García, Enrique Coronado empieza a llamar la atención por algo que en política suele pesar más que muchas fotografías y discursos: presencia en la calle. Sin que exista, hasta ahora, una candidatura formal, su trabajo cercano con ciudadanos comienza a generar comentarios sobre la posibilidad de que pueda ser considerado para la alcaldía.

Y aquí hay una lección para quienes ya están en el poder: cuando un gobierno deja espacios, alguien termina ocupándolos.

La ciudadanía observa. Evalúa. Compara. Y, llegado el momento, decide.

Por eso también habrá que observar lo que ocurra con las preparatorias militarizadas de Nuevo León. El modelo dejará atrás el concepto militar para convertirse en prepas ciudadanas, con tecnología, inteligencia artificial, idiomas y educación dual.

El cambio puede ser una buena oportunidad si realmente significa preparar mejor a los jóvenes para el futuro. Pero cambiarle el nombre a una institución no resuelve nada por sí mismo. Lo importante será lo que ocurra dentro de las aulas.

Los jóvenes necesitan disciplina, sí, pero también conocimientos, oportunidades, empleo, tecnología y herramientas para competir.

Y mientras unos discuten visas, otros pelean por micrófonos y algunos comienzan a mirar las próximas elecciones, la realidad sigue siendo mucho más dura.

La violencia continúa. Los ciudadanos siguen enfrentando inseguridad. Y los hechos ocurridos recientemente en Tamaulipas, con el asesinato de una estudiante, nos recuerdan que detrás de cada discusión política existe un país que necesita respuestas concretas.

Ahí está el verdadero problema.