
Una visa no define a nadie, pero las preguntas que deja sí
No, presidenta, una visa no define a una persona. En eso tiene razón. Una visa solamente permite entrar a otro país. Pero tampoco podemos hacer como que la cancelación de una visa es un asunto menor cuando se trata del hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador y de una figura relevante dentro de Morena.
Y mucho menos cuando el propio Andrés Manuel López Beltrán decidió subir el tono, enviar una carta al presidente Donald Trump y señalar directamente al secretario de Estado, Marco Rubio, y al subsecretario Christopher Landau por la decisión.
Ahí es donde este asunto dejó de ser solamente migratorio y comenzó a convertirse en un episodio político.
Porque resulta cuando menos curioso que, ante una decisión tomada por el Gobierno de Estados Unidos, inmediatamente aparezcan desde México voces dispuestas a cerrar filas alrededor de Andy. Incluso la defensa institucional comienza a tomar forma, como si cuestionar la cancelación de una visa fuera automáticamente cuestionar a México.
No.
Estados Unidos ya dejó clara su posición: las visas son un privilegio, no un derecho, y pueden cancelarse cuando existan razones para hacerlo, independientemente de quién sea el titular, dónde viva o cuáles sean sus opiniones políticas.
Y Christopher Landau tampoco necesitó mencionar directamente a López Beltrán para enviar otro mensaje. Primero habló de la relación entre México y Estados Unidos, de cooperación y respeto mutuo, y pidió no permitir que el “drama político” distrajera de asuntos fundamentales como seguridad, migración y comercio. Después, cuando la confrontación subió de tono, respondió con aquello de: “¿Estás disfrutando el espectáculo? Te va a encantar la siguiente parte. Agarra tus palomitas”.
Más claro, imposible.
Aquí no se trata de rasgarnos las vestiduras, llamar al pueblo a defender a nadie ni convertir una decisión migratoria estadounidense en una nueva batalla de soberanía nacional.
Tampoco se trata de condenar a López Beltrán sin conocer las razones concretas de la decisión.
Se trata de algo mucho más sencillo: si la visa fue cancelada, debe existir una razón. Esa razón la conocen las autoridades estadounidenses y, presumiblemente, el propio afectado. Lo responsable sería aclararla.
Porque cuando alguien se presenta como un hombre íntegro, como servidor público y como parte de un movimiento que presume honestidad, lo mínimo es enfrentar las preguntas.
No basta decir que una visa no define a nadie. Lo que define a un servidor público es su conducta, su transparencia y su capacidad para responder cuando existen cuestionamientos.
Y aquí la presidenta debería recordar algo fundamental: gobierna para todos los mexicanos, no solamente para quienes militan en Morena, para los amigos de la transformación o para quienes ocupan posiciones cercanas al poder.
Defender la soberanía nacional no significa cerrar filas automáticamente alrededor de cualquier personaje mexicano cuestionado en el extranjero.
La soberanía también significa tener instituciones capaces de investigar, preguntar y, cuando corresponda, sancionar sin importar el apellido.
Porque seguimos teniendo esa vieja costumbre de convertir cualquier señalamiento contra alguien cercano al poder en un ataque contra México.
No todo es una conspiración. No todo es una agresión extranjera. Y tampoco todo cuestionamiento a un integrante de Morena significa un ataque a la transformación.
Mientras unos se desgastan intentando convertir una visa cancelada en una causa nacional, México enfrenta problemas muchísimo más serios: desapariciones, extorsiones, feminicidios, inseguridad y una larga lista de asuntos que requieren menos discursos y más resultados.
La actualización de protocolos para investigar desapariciones puede ser un paso importante, pero de poco servirá si termina en un escritorio mientras las familias siguen buscando por su cuenta.
Lo mismo ocurre con las nuevas estrategias contra la extorsión, los feminicidios y los delitos de alto impacto. México no necesita únicamente leyes, manuales y protocolos. Necesita instituciones que funcionen y funcionarios que cumplan.
Y en el terreno laboral, el reciente nombramiento de Rogelio Benavides Pintos como secretario general de la CATEM deberá traducir en trabajo real para los trabajadores.
Ahí habrá que verlo.
Desde luego, Pintos deberá “pintar” en su trabajo de campo y buscar adeptos para el gremio que ahora representa de su actual líder Pedro Haces que buscará posesionar en Nuevo León – veremos .



