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Gerardo Ledezma

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Del Nuevo León olvidado a los delirios del poder

Hay imágenes que dicen más que cualquier discurso. Este fin de semana, Andrés Mijes recorrió el sur de Nuevo León y, más allá del simbolismo del “antimonumento” que colocó en la Carretera Interserrana, dejó al descubierto una realidad que pocas veces ocupa los grandes titulares: existe un Nuevo León que parece haberse quedado detenido en el tiempo.

Mientras el debate público suele concentrarse en rascacielos, inversiones multimillonarias, nuevas líneas del Metro y la llegada de empresas internacionales, basta recorrer algunos municipios del sur para encontrar comunidades que siguen esperando caminos dignos, mejores servicios, oportunidades de empleo y, sobre todo, la atención de quienes gobiernan.

Ese contraste no debería convertirse en bandera de un partido político, sino en un llamado para cualquiera que aspire a gobernar el estado. Porque el próximo gobernador tendrá que demostrar que Nuevo León no termina donde acaba la zona metropolitana. El desarrollo también debe llegar a quienes durante años han permanecido prácticamente aislados del crecimiento económico que tanto se presume.

Pasando al escenario nacional, el Partido Acción Nacional mantiene firme su defensa del exgobernador Ernesto Ruffo Appel. Su dirigente nacional sostiene que el primer gobernador de oposición del país enfrenta una persecución política y que las instituciones de justicia están siendo utilizadas con fines distintos a los que marca la ley.

Es una acusación que merece tomarse con seriedad. Si existen pruebas, deben presentarse ante los tribunales y resolverse conforme al debido proceso. Pero si esas pruebas son insuficientes, el Estado también tiene la obligación de garantizar que la justicia no sea percibida como un instrumento para dirimir diferencias políticas. La fortaleza de las instituciones no depende de cuántas detenciones anuncien, sino de la solidez de sus investigaciones y de la confianza que generen entre los ciudadanos.

Y si de política hablamos, hay episodios que simplemente no deberían ocurrir.

La alcaldesa de Huimanguillo, Tabasco, Mariluz Velázquez, protagonizó uno de esos momentos que ningún servidor público quisiera dejar como legado. Ante la petición de apoyo de un adulto mayor respondió: “Usted ya va de salida“. No mam…s

Más allá del color partidista, una frase así retrata una preocupante falta de sensibilidad. Los adultos mayores no representan un estorbo ni una carga para la sociedad; representan la experiencia, el esfuerzo y la historia de las comunidades. Quien ocupa un cargo público tiene la obligación de escuchar, incluso cuando las críticas resulten incómodas.

Y ya que hablamos de declaraciones, cruzamos la frontera hasta Argentina.

Javier Milei volvió a colocarse en el centro de la polémica internacional al asegurar que existe una supuesta campaña coordinada entre Brasil, México y el Partido Demócrata de Estados Unidos para desacreditar a Argentina y a su gobierno. Según sus declaraciones, las críticas surgidas después de la Copa del Mundo de 2026 formarían parte de una estrategia política internacional.

El problema de afirmaciones de ese calibre no es que generen titulares; el problema es que, hasta ahora, no han sido acompañadas de pruebas públicas que las respalden. En política exterior, las palabras pesan tanto como las decisiones, y señalar directamente a otros gobiernos implica una responsabilidad mayor.

Las derrotas deportivas suelen dejar heridas profundas en cualquier afición. Sin embargo, trasladar esa frustración al terreno de una presunta conspiración internacional puede terminar alimentando más la confrontación que la búsqueda de soluciones. En ocasiones, aceptar que un rival fue mejor en la cancha resulta más sencillo para una nación que construir la narrativa de que el mundo entero conspira en su contra.

Finalmente, una curiosidad científica ofrece una buena lección para la política.

La neurociencia señala la UNAM que el cerebro humano recuerda con mucha mayor facilidad los rostros que los nombres. Los nombres requieren repetición y esfuerzo; los rostros quedan grabados casi de inmediato porque así evolucionó nuestra especie.

Quizá por eso los ciudadanos olvidan pronto muchos discursos de campaña, pero recuerdan perfectamente el rostro de quienes les prometieron una carretera que nunca llegó, de quien les negó un apoyo o de quien convirtió una conferencia en un espectáculo.

Los nombres cambian elección tras elección. Los cargos también.

Pero las acciones, los aciertos y los errores terminan siendo la verdadera memoria de un gobierno.