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Roger Federer entra al Salón de la Fama y convierte su despedida en un homenaje al tenis

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El suizo fue incorporado oficialmente al Salón Internacional de la Fama del Tenis en Newport y ofreció un discurso marcado por las lágrimas, el humor y los agradecimientos a su familia, al deporte y a los aficionados.

NEWPORT, Rhode Island.– Roger Federer cerró uno de los capítulos más importantes de su carrera con una noche a la altura de su legado. El suizo fue incorporado este sábado al Salón Internacional de la Fama del Tenis, en una ceremonia en Newport donde dejó de lado los récords y los trofeos para hablar de aquello que, según sus propias palabras, siempre estuvo por encima de todo: el amor por jugar al tenis.

A sus 45 años, Federer recibió uno de los mayores reconocimientos de su trayectoria después de una carrera que dejó 103 títulos ATP, 20 campeonatos de Grand Slam y 310 semanas como número uno del mundo.

Pero esos números prácticamente no aparecieron en su discurso.

El protagonista prefirió recordar al niño que comenzó a jugar en Suiza, al adolescente que fue recogepelotas en Basilea y al joven que descubrió que el tenis podía convertirse en mucho más que un deporte.

Federer reconoció que caminar por el Salón de la Fama y encontrarse rodeado por la historia de las grandes figuras que admiró desde pequeño representó una emoción difícil de describir.

La ceremonia tuvo momentos de humor, pero también numerosas pausas provocadas por las lágrimas. El propio Federer bromeó con que podía llegar hasta el amanecer intentando terminar su discurso debido a las veces que tuvo que detenerse para recuperar la compostura.

Para el campeón suizo, la fama nunca fue el objetivo. Lo importante, explicó, siempre fue jugar.

“Jugamos al tenis, somos tenistas”, resumió Federer al hablar de una filosofía que lo acompañó durante toda su carrera: disfrutar el juego hasta conseguir que el trabajo y la diversión terminaran convirtiéndose en una misma cosa.

Uno de los recuerdos más entrañables de la noche llegó cuando regresó a sus primeros años en Basilea. Federer recordó que a los 13 años fue recogepelotas en el Swiss Indoors y que aquella experiencia le permitió observar el tenis desde una perspectiva completamente distinta.

Estaba cerca de los jugadores, les entregaba las pelotas y las toallas y podía contemplar de primera mano la intensidad de los partidos.

A la mañana siguiente, recordó entre risas, tenía las piernas agotadas después de permanecer tantas horas de pie.

También habló de sus padres, Lynette y Robert, quienes tuvieron un papel fundamental en su formación. Recordó que tomó una raqueta por primera vez cuando tenía apenas tres años y bromeó sobre las antiguas raquetas de madera con las que comenzó a jugar.

Incluso encontró espacio para hablar de las miles de vinchas y pares de calcetines que utilizó durante su carrera, una muestra del tono cercano que mantuvo durante una ceremonia que pudo haberse convertido fácilmente en un repaso de sus estadísticas.

Pero Federer decidió que aquella noche no era para presumir de victorias.

Era para agradecer.

Su madre recibió uno de los reconocimientos más especiales por haber encontrado tiempo para acompañarlo mientras trabajaba y por encargarse de sus clases, partidos y entrenadores. También agradeció a su padre, a quien llamó con humor “el verdadero RF”.

Y entonces llegó uno de los momentos más emotivos de la noche: el homenaje a su esposa, Mirka.

Federer destacó el papel que tuvo en su vida deportiva y familiar y la describió como una persona que lo inspira todos los días. La pareja tiene cuatro hijos y, de acuerdo con el propio Federer, Mirka fue fundamental para encontrar un equilibrio entre las exigencias de una carrera profesional extraordinaria y la vida familiar.

La noche había comenzado precisamente con Mirka presentándolo ante los asistentes. La extenista recordó los primeros años de su relación y habló especialmente del hombre que existe detrás del campeón.

Federer también dejó una reflexión que resume buena parte de su legado. Durante su carrera, explicó, intentó mantenerse fiel a sí mismo y demostrar cuánto significaba para él el tenis.

Los aficionados, dijo, no tenían ninguna obligación de acudir a verlo jugar. Podían elegir cualquier otro espectáculo, pero escogieron el tenis.

Y él quiso estar a la altura de esa elección.

Aunque su carrera profesional terminó hace varios años, Federer dejó claro que no considera que su relación con el tenis haya terminado.

El deporte, sostuvo, seguirá ocupando un lugar central en su vida.

La ceremonia de Newport no fue solamente la entrada de una de las mayores figuras de la historia al Salón de la Fama. Fue también la oportunidad de escuchar al Federer más humano: el niño de Basilea, el hijo agradecido, el esposo, el padre y, sobre todo, el jugador que nunca dejó de disfrutar la pelota.

El muchacho que alguna vez observó un partido desde el fondo de una cancha regresó décadas después al centro del escenario para recibir el reconocimiento definitivo.

Y lo hizo sin hablar demasiado de sus récords.

Habló de tenis.

Y de agradecer el camino.

La Clase 2026 del Salón Internacional de la Fama también incorporó a la periodista y comentarista Mary Carillo. La celebración se desarrolló en Newport del 27 al 29 de agosto.

Especial-eitmedia.mx

Foto: Tomada de Cortesía de Meghan Mitchell/ATP Tour

Con información de https://www.atptour.com/