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Gerardo Ledezma

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Entre los lapsus de Carita, los millones de Dos Bocas y las bombas de Zacatecas

Hay fines de semana que parecen escritos por un guionista con demasiado sentido del humor. Y éste fue uno de ellos.

Empecemos por Clara Luz Flores. La exalcaldesa de Escobedo acudió a una asamblea de Morena y, en medio de su discurso, terminó confundiendo a Morena con el PRI. ¡En una asamblea de Morena! Hay que reconocerle algo: cambiar de partido puede ser fácil; cambiar de memoria política, aparentemente no tanto.

Y no fue un discurso de dos minutos. Habló, habló y habló, recordó sus tiempos de alcaldesa y parecía sentirse todavía dueña de la casa. Hasta que llegó el pequeño detalle: se le cruzaron los cables y apareció el PRI.

No pasa nada, Clara Luz. A cualquiera le puede ocurrir. Aunque quizá para la próxima sería recomendable llevar una hojita con los puntos principales. Y si de plano el PRI insiste en aparecer en el subconsciente, pues un apuntador tampoco estaría de más.

Lo verdaderamente curioso es que Morena a través de Andrés Mijes pretende vender la idea de que Escobedo es territorio de la transformación, mientras la memoria de quien gobernó ahí durante años todavía parece vivir en otro partido.

Y hablando de partidos, el PT ya puso sobre la mesa a Jesús Elizondo para la contienda de 2027. Alberto Anaya dice que quieren ir con Morena y el Verde, pero dejan clarísimo que no son subordinados.

Qué bueno.

Porque en política todos son aliados hasta que llega la hora de repartir candidaturas. Ahí es donde descubrimos quién es aliado, quién es socio y quién simplemente quiere sentarse en la mesa.

Ahora vayamos a Dos Bocas, esa obra que ya parece tener más explicaciones que petróleo.

Más de 21 mil millones de dólares de costo al cierre de 2024, casi tres veces la estimación original. Y para junio de este año procesaba 141 mil barriles diarios, muy lejos de su capacidad máxima.

Pemex dice que son cuestiones de arranque, pruebas, mantenimiento y configuración.

Bueno, pues ya tuvo tiempo de configurarse hasta el árbol genealógico.

El problema no es solamente cuánto costó Dos Bocas. El problema es cuánto seguirá costando y cuándo dejará de ser una promesa política para convertirse en el proyecto energético que se prometió.

Porque mientras se presume soberanía energética, Pemex pierde dinero y los mexicanos seguimos pagando la factura.

Y entonces llegamos a Zacatecas, donde ya no hay espacio para la ironía.

Tres ataques con explosivos contra corporaciones de seguridad en menos de una semana. Policías y civiles heridos.

Esto debería encender todas las alarmas.

No podemos acostumbrarnos a que los explosivos aparezcan en carreteras, instalaciones policiales o municipios como si fueran parte del paisaje nacional.

Mientras en los salones políticos se discuten candidaturas, alianzas y cargos, en algunas regiones del país la realidad es mucho más brutal: grupos criminales demostrando que tienen capacidad para atacar con explosivos a las propias instituciones de seguridad.

Y ahí sí queremos escuchar una respuesta clara del Gobierno federal. No una explicación burocrática, no una frase políticamente correcta y mucho menos aquello de que “se está trabajando”.

Los ciudadanos ya saben que se está trabajando. Lo que quieren saber es cuándo van a dejar de explotar las cosas.

Por cierto, en el Senado Morena ya decidió que Higinio Martínez presida la Mesa Directiva.

Otra vez: todo queda perfectamente acomodado.

Y Higinio promete respeto a la Constitución, a las leyes y a los 128 senadores.

Eso está muy bien.

Ahora sólo falta verlo cuando el que piense diferente sea la oposición y no alguien de casa.

Y cerramos en Nuevo León con Samuel García, quien ya anunció que el 15 de octubre presentará su Quinto Informe de Gobierno.

Dice que comparará lo prometido con lo realizado.

Magnífico.

Ese es exactamente el informe que queremos ver.

No queremos un álbum de fotografías, ni videos de inauguraciones, ni una colección de “logros históricos”.

Queremos números.

Qué prometió.

Qué cumplió.

Qué no cumplió.

Cuánto costó.

Cuánto se retrasó.

Y quién pagó.

Porque al final de una administración no sirven demasiado los aplausos propios. Sirve que los ciudadanos puedan comparar el discurso con la realidad.