
La política ya está en campaña… ¿y el país para cuándo?
Hay momentos en los que pareciera que México vive en dos realidades distintas.
En una, los partidos políticos ya arrancaron la carrera rumbo al 2027. Hay registros, recorridos, fotografías, encuestas, recolección de firmas, alianzas disfrazadas de apertura ciudadana y discursos que hablan del futuro. En la otra, la que vive la mayoría de los mexicanos, las preocupaciones siguen siendo exactamente las mismas: seguridad, salud, economía y un futuro que continúa lleno de incertidumbre.
Porque mientras unos cuentan firmas, otros cuentan contagios.
Mientras unos miden popularidad, otros siguen midiendo homicidios.
Y mientras los políticos afinan estrategias electorales, el país enfrenta problemas que no pueden esperar hasta la próxima campaña.
El Inegi informó una disminución importante en los homicidios durante 2025. Es un dato positivo y sería mezquino no reconocerlo. Menos asesinatos significan menos familias destruidas y menos vidas perdidas. Sin embargo, tampoco sería responsable convertir esa cifra en una declaración de victoria.
Porque la realidad sigue recordándonos que más del 70 por ciento de los homicidios continúan cometiéndose con armas de fuego y que la percepción de inseguridad permanece muy lejos de desaparecer. Las estadísticas pueden mejorar; la tranquilidad de la gente tarda mucho más en recuperarse.
Pero si hay un dato que debería sacudirnos todavía más, es otro.
El sarampión.
Una enfermedad que durante años parecía formar parte de los libros de historia vuelve a convertirse en noticia nacional. Más de 19 mil casos registrados y miles de contagios confirmados solamente en este año no son un accidente estadístico. Son una llamada de atención.
¿Cómo llegamos al punto de volver a hablar del sarampión en pleno 2026?
Resulta difícil entender que un país capaz de discutir inteligencia artificial, elecciones judiciales, campañas digitales y reformas constitucionales tenga que volver a enfrentar enfermedades que hace apenas unos años parecían controladas gracias a la vacunación.
Es el retrato de un México lleno de contrastes.
Miramos al futuro con una mano… mientras con la otra tratamos de resolver problemas que creíamos superados.
Y como si eso fuera poco, desde Estados Unidos vuelve a endurecerse la política migratoria. Donald Trump incrementa las detenciones de migrantes en aeropuertos mientras miles de familias viven nuevamente con la incertidumbre de una deportación.
Es decir, la agenda nacional está llena de asuntos que exigen liderazgo, acuerdos y soluciones.
Sin embargo, la conversación política ya tomó otro camino.
En Nuevo León ya comenzaron las precampañas que oficialmente todavía no existen. El PAN abre la puerta a perfiles del PRI, los partidos empiezan a mover sus piezas, los aspirantes recorren colonias y los discursos hablan de unidad, apertura y ciudadanía.
Todo eso forma parte de la democracia.
Lo que no debería formar parte de nuestra normalidad es que las campañas comiencen mucho antes que las soluciones.
Porque al ciudadano poco le importa quién gane una encuesta si sigue esperando atención médica.
Poco le importa quién reúna más firmas si continúa sintiéndose inseguro al salir de casa.
Poco le importa qué partido sume más aspirantes si una enfermedad que creíamos erradicada vuelve a poner en evidencia las debilidades del sistema.
México no necesita menos democracia.
Necesita más prioridades.
Necesita gobiernos que gobiernen mientras los partidos hacen política.
Necesita que la próxima elección no termine convirtiéndose, una vez más, en el mejor pretexto para dejar pendientes los problemas del presente.
Porque cuando llegue el momento de pedir el voto, los ciudadanos probablemente harán una sola pregunta.
¿Quién estuvo ocupado resolviendo los problemas… y quién estuvo demasiado ocupado haciendo campaña?



