
Ciudad de México.— Más de un centenar de familiares, amigos, colectivos de búsqueda y organizaciones vinculadas con la defensa de los derechos humanos dirigieron una carta pública a la Asamblea General de las Naciones Unidas para exigir que el reconocimiento internacional a las mujeres buscadoras se traduzca en acciones concretas frente a la crisis de desapariciones que enfrenta México.
En el documento, quienes suscriben la carta reconocen que la ONU haya colocado el tema de las personas desaparecidas dentro de la agenda de su Octogésimo periodo de sesiones, pero advierten que la dimensión de la crisis demanda respuestas que vayan más allá de actos conmemorativos.
Los firmantes cuestionan particularmente la creación de un Día Internacional de Reconocimiento a las Mujeres Buscadoras de Personas Desaparecidas. Aunque consideran que puede contribuir a visibilizar la labor de miles de familias, advierten que también existe el riesgo de que esta situación termine normalizando que sean los propios familiares quienes asuman durante años las tareas de búsqueda que corresponden a las instituciones del Estado.
La exigencia central planteada en el documento es que los gobiernos asuman su responsabilidad de localizar a las personas desaparecidas, investigar los casos y establecer mecanismos efectivos que permitan evitar que estas desapariciones continúen.
Los familiares sostienen que una fecha conmemorativa no puede sustituir las obligaciones de los Estados ni convertirse en una forma de reconocer una realidad que, para las familias, representa una experiencia permanente de incertidumbre, desgaste y revictimización.
En el caso mexicano, la carta solicita a Naciones Unidas fortalecer su intervención y avanzar en mecanismos contemplados por la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas.
Entre sus peticiones se encuentra la activación del artículo 34 de dicha Convención, además del cumplimiento integral de los dictámenes y acciones urgentes emitidos por organismos internacionales de derechos humanos.
Los firmantes también plantean la necesidad de contar con personal especializado, capacitado y sensible dentro de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, particularmente para atender los casos relacionados con desapariciones.
El documento expresa además preocupación por lo que sus autores consideran una respuesta institucional insuficiente frente a las familias que continúan buscando a sus seres queridos. En ese sentido, cuestionan que las instituciones puedan generar la percepción de que las búsquedas avanzan cuando, desde la perspectiva de los colectivos, son las propias familias quienes continúan encabezando buena parte de estas labores.
La carta plantea que el reconocimiento a las mujeres buscadoras debe estar acompañado de medidas que permitan que algún día esa labor deje de ser necesaria.
Entre las organizaciones y personas que aparecen como firmantes se encuentran Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León (FUNDENL), FUUNDEC-FUNDEM, Mujeres en Búsqueda Nogales Veracruz, Por Amor a Ellxs, Justicia y Dignidad Veracruz, Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense, Huellas de la Memoria, Colectivo Uniendo Corazones de Culiacán, Glorieta de las y los Desaparecidos, Colectivo Hasta Encontrales CDMX, Oaxaqueños Buscando a los Nuestros y organizaciones de familiares de Coahuila, Veracruz, Sinaloa, Tamaulipas y otras entidades.
También suscribieron el documento familiares de personas desaparecidas y organizaciones religiosas y sociales, entre ellas la Pastoral Social, la Iglesia Anglicana de México, el Concilio Mundial Metodista y el Eje de Iglesias y Espiritualidades de la Brigada Nacional de Búsqueda.
El mensaje dirigido a la ONU concluye con una petición que resume la principal demanda de las familias: que la comunidad internacional acompañe de manera decidida la búsqueda de las personas desaparecidas y contribuya a generar condiciones para que puedan regresar a sus hogares.
Para los colectivos, el objetivo final no es el reconocimiento de su lucha, sino dejar de tener que realizarla.
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