
Cambiar nombres no cambia la realidad de México
Hay decisiones del poder que cuesta trabajo entender. Cuando desde Estados Unidos quisieron cambiar el nombre del Golfo de México, desde Palacio Nacional hubo una defensa férrea de nuestra denominación histórica. Pero ahora, desde el mismo gobierno, se propone modificar el nombre del histórico Paso de Cortés para llamarlo “Paso de los Pueblos Indígenas”.
Y aquí no se trata de defender a Hernán Cortés ni de negar la historia de los pueblos originarios. Se trata de preguntarnos si México necesita seguir peleando con personajes de hace 500 años mientras los problemas del presente siguen esperando.
La Cuarta Transformación ha convertido la reivindicación histórica en una bandera política. Ya ocurrió con la llamada Noche Victoriosa, con el intento de dejar atrás el nombre de Mar de Cortés y ahora con el Paso de Cortés. Revisar la historia es necesario; utilizarla como herramienta de confrontación política es otra cosa.
Porque mientras se cambian nombres, hay familias que siguen esperando justicia, desaparecidos que siguen sin regresar a casa y un país que exige respuestas frente al crimen organizado. Ahí no hay que cambiarle el nombre a nada: hay que actuar.
Y tampoco podemos minimizar lo que ocurre en materia sanitaria. El brote de ciclosporiasis registrado en Estados Unidos, relacionado con determinados alimentos frescos, obliga a México a reforzar controles y a informar con absoluta claridad. No se trata de satanizar nuestra producción agrícola, pero sí de garantizar que lo que llega a las mesas cumpla con todas las condiciones sanitarias.
En medio de todo esto, México también perdió a una mujer que dejó huella en la lucha libre y en los medios de comunicación: Alma Corina Gutiérrez, “Diana La Cazadora”. Su partida merece respeto y memoria, no solamente porque fue parte de una generación importante del pancracio mexicano, sino porque después construyó otra etapa de su vida desde los medios de comunicación.
Y mientras el país enfrenta problemas reales, el nuevo partido Somos México anuncia un comité de ética para impedir que lleguen a sus filas candidatos relacionados con el crimen organizado y el dinero ilícito.
La propuesta es correcta en el papel, pero la verdadera prueba llegará cuando tengan que rechazar a alguien con poder, estructura, dinero o padrinos políticos. Porque decir que no al narcotráfico en un discurso es fácil; impedir que el dinero oscuro llegue a una candidatura es donde comienza la verdadera responsabilidad.
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