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México importa cuatro veces más aluminio del que exporta, pero gana terreno en manufactura de alto valor

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México importa casi cuatro veces más aluminio y sus manufacturas de lo que exporta, una diferencia que, de acuerdo con especialistas y empresas del sector, no necesariamente representa una debilidad industrial. Por el contrario, refleja el papel que ha adquirido el país como plataforma de transformación y manufactura para las cadenas productivas de América del Norte.

Durante 2025, las importaciones mexicanas de aluminio y sus manufacturas alcanzaron 10 mil 571 millones de dólares, mientras que las exportaciones sumaron 2 mil 709 millones de dólares.

La explicación se encuentra en buena medida en el modelo manufacturero mexicano: una parte importante del aluminio que ingresa al país es transformada en componentes y productos de mayor valor agregado que posteriormente son enviados principalmente al mercado estadounidense.

Las exportaciones de la industria del aluminio alcanzaron 248 millones de dólares durante el segundo trimestre de 2026. Nuevo León encabezó las ventas al exterior con 78.7 millones de dólares, seguido por Baja California, con 50.7 millones, y Ciudad de México, con 25.3 millones, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía.

Sin embargo, el sector enfrenta también señales de contracción. Desde 2023 se observa una tendencia descendente, con una reducción de 3.9 por ciento en 2024 y de 5.8 por ciento en 2025. Los primeros dos trimestres de 2026 mantuvieron una trayectoria negativa frente al año anterior.

De acuerdo con información del Sistema de Cuentas Nacionales del INEGI, el PIB anualizado de la industria del aluminio al primer semestre de 2026 se ubicó en 12 mil 858 millones de pesos, su nivel más bajo desde 2020.

A pesar de este escenario, el aluminio se ha convertido en un insumo estratégico para industrias vinculadas con la electromovilidad, la transición energética y la modernización de infraestructura.

Los sectores automotriz, electrónico, solar y de construcción demandan cada vez más componentes de aluminio de precisión, particularmente en un momento en que las cadenas de suministro de América del Norte buscan reducir distancias y fortalecer el contenido regional.

Paulina Aguilar, cofundadora y Chief Revenue Officer de MUNDI, señaló que México cuenta con condiciones para aprovechar esta transformación industrial, aunque advirtió que el crecimiento de las empresas depende también de su capacidad financiera.

El sector cuenta actualmente con 169 unidades económicas activas dedicadas a la industria básica del aluminio. Entre las empresas que han desarrollado un modelo orientado a la manufactura de mayor valor se encuentra ABC Aluminum Solutions, de Baja California, que cuenta con más de tres décadas de experiencia.

La compañía mantiene integrada buena parte de su proceso productivo, desde el reciclado y fundición de billets hasta la extrusión, fabricación, acabado y ensamble.

Melissa Mejía, directora de Finanzas de ABC Aluminum, explicó que la cercanía con Estados Unidos se ha convertido en uno de los principales activos de la empresa dentro del fenómeno de relocalización de cadenas productivas.

La compañía se encuentra a 14 kilómetros de la frontera y busca competir con proveedores asiáticos mediante tiempos de entrega más cortos, capacidad de producción y certificaciones internacionales.

México tiene como principales proveedores de aluminio a Estados Unidos, con 3 mil 642 millones de dólares; China, con 2 mil 813 millones, y Emiratos Árabes Unidos, con 561 millones de dólares.

En contraste, Estados Unidos concentra prácticamente la totalidad de las exportaciones mexicanas del producto, con 2 mil 33 millones de dólares.

El comportamiento comercial muestra así una característica particular de la industria mexicana: el país importa grandes cantidades de aluminio, pero una parte importante termina incorporada a procesos manufactureros que abastecen a otras industrias y al mercado norteamericano.

La relevancia del metal también está relacionada con la transformación tecnológica de la región. Los vehículos eléctricos pueden utilizar entre 25 y 50 por ciento más aluminio que los automóviles convencionales, mientras que las instalaciones solares requieren perfiles y estructuras de este material y los centros de datos utilizan aluminio en componentes, carcasas y sistemas de administración térmica.

Para las empresas mexicanas que buscan incorporarse a estas cadenas, el reto no se limita a contar con maquinaria, personal especializado o capacidad instalada. También deben disponer de capital de trabajo suficiente para financiar periodos en los que los gastos de producción ocurren semanas o meses antes del cobro al cliente.

Ese es precisamente uno de los puntos que empresas como ABC Aluminum identifican como determinante para continuar creciendo en el mercado de exportación.

El potencial también se refleja en las perspectivas internacionales. El mercado mundial del aluminio fue estimado en 265 millones de dólares en 2025 y se proyecta que pase de 281 millones en 2026 a más de 454 millones de dólares hacia 2034.

En México, la industria procesa alrededor de tres millones de toneladas de aluminio cada año y representa cerca de uno por ciento del PIB nacional. Además, genera más de 30 mil empleos directos y cerca de un millón de puestos indirectos, según datos del Instituto Mexicano del Aluminio.

En medio de la reorganización de las cadenas de suministro de Norteamérica, el desafío para México será convertir su capacidad manufacturera y su posición geográfica en una mayor participación dentro de los productos de alto valor agregado.

El aluminio, por sus características y por su presencia en sectores como los vehículos eléctricos, las energías renovables, la electrónica y la infraestructura digital, se perfila como uno de los materiales relevantes en la siguiente etapa de industrialización regional.

La diferencia entre lo que México importa y exporta, por sí sola, no cuenta toda la historia. La otra parte está en lo que ocurre dentro de las fábricas: cuánto valor se agrega al material que llega del exterior y cuánto de ese proceso termina convertido en productos mexicanos que regresan al mercado internacional.

Especial-eitmedia.mx