
¿Morena se desmorona en Nuevo León?
Hay elecciones que no solamente cambian gobiernos. También funcionan como radiografías.
Lo ocurrido este domingo en Brasil debería ser leído con atención por toda la izquierda latinoamericana.
Flávio Bolsonaro no ganó la Presidencia de Brasil. Todavía no. Pero consiguió algo políticamente mucho más incómodo para el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva: salir primero de la primera vuelta y obligar al presidente a jugarse la continuidad en un segundo round.
Con prácticamente todo el voto contabilizado, Flávio obtuvo alrededor de 47 por ciento y Lula cerca de 45 por ciento. El próximo 25 de octubre, Brasil volverá a las urnas.
Y aquí está lo verdaderamente importante.
El hijo de Jair Bolsonaro no solamente sobrevivió políticamente al apellido. Lo convirtió nuevamente en una bandera electoral.
El resultado también muestra un avance de las fuerzas de derecha en el Congreso brasileño y confirma que el fenómeno político que representó Jair Bolsonaro no desapareció con su salida del poder.
La izquierda puede explicarlo como polarización, como reacción conservadora o como un episodio particular de Brasil.
Pero sería un error quedarse ahí.
Porque el problema de la izquierda latinoamericana no está únicamente en Brasil.
También está en su incapacidad para leer a tiempo el cansancio de una parte de la sociedad, en sus disputas internas, en la soberbia de algunas decisiones y en la facilidad con la que puede terminar confundiendo el respaldo electoral con un cheque en blanco.
Y México no está fuera de esa conversación.
Mucho menos Nuevo León.
Morena acaba de tomar una decisión importante al colocar a Clara Luz Flores al frente de su proyecto estatal rumbo a 2027. La fotografía posterior mostró a varios de los participantes del proceso cerrando filas alrededor de la decisión.
Pero hubo una ausencia política que ya no puede ignorarse.
Tatiana Clouthier no solamente decidió no acompañar públicamente esa definición. Ahora anunció “Todos con Conciencia”, un movimiento que, según ella misma, no nace para buscar cargos sino para transformar Nuevo León desde la ciudadanía.
Y aquí aparece un elemento que le pone todavía más ruido al asunto.
Su hermano, Manuel Clouthier, reaccionó a la decisión de Morena con una crítica directa. Con ironía, agradeció a Claudia Sheinbaum y a Morena por no haber elegido a Tatiana, al considerar que así se evitaba que ella continuara “ayudándolos en la destrucción del país”.
La frase viene de su propio hermano y coloca todavía más presión sobre una decisión que ya había dejado heridas dentro de Morena.
Es decir: no estamos ante una ruptura formal con Morena.
Pero tampoco ante una fotografía de unidad.
Y ahí comienza el problema.
Porque si Morena necesita cerrar filas rumbo a 2027, lo último que necesita es que quienes participaron en su propio proceso terminen construyendo espacios paralelos para expresar su inconformidad.
Clara Luz puede tener la coordinación.
Pero una coordinación no significa automáticamente que tenga detrás a todos los grupos, liderazgos y simpatizantes que participaron en la contienda interna.
Y esa diferencia puede ser determinante.
Lo que ocurre en Nuevo León merece atención precisamente porque Morena todavía tiene tiempo para corregir, sumar y reconstruir.
Pero también puede hacer lo contrario: minimizar las señales, asumir que todos terminarán alineándose y descubrir demasiado tarde que las fracturas internas también votan.
Brasil acaba de ofrecer una lección incómoda.
La izquierda no tiene asegurado el futuro.
Y Nuevo León puede ser una de las primeras pruebas.
Porque una cosa es ganar una encuesta interna.
Otra, muy distinta, es ganar la calle.



