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Gerardo Ledezma

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Morena se fractura, Samuel sueña con el Metro, un exdirector de Pemex libra el juicio y Harfuch se vuelve el Pedro Infante de la seguridad

Morena dice que quiere ganar Nuevo León, pero sus diferencias internas cuentan otra historia. Clara Luz Flores pide ponerse las pilas y entender que el proyecto está por encima de las personas. El mensaje suena bien, pero llega en medio de una disputa que exhibe las dificultades del partido para ponerse de acuerdo sobre quién debe encabezar su proyecto político.

Tatiana Clouthier no parece dispuesta a aceptar que Clara Luz conduzca esa ruta. El desencuentro amenaza con profundizar las divisiones de un partido que habla de unidad mientras sus figuras se disputan el liderazgo.

Ese es el problema: Morena no solo necesita una candidata, necesita un partido que la respalde. Si el pleito continúa, podría llegar a la contienda con una candidatura cuestionada desde dentro y una estructura fracturada. La unidad no se construye con discursos ni exigiendo que los demás se pongan las pilas cuando nadie parece dispuesto a ceder.

Clara Luz pide disciplina, pero también tendrá que construir acuerdos. Tatiana deberá decidir si su inconformidad busca corregir el rumbo del partido o termina alimentando una división que puede debilitarlo. Porque una cosa es cuestionar el liderazgo y otra muy distinta es poner en riesgo la cohesión de la organización.

Mientras Morena intenta resolver sus diferencias, Samuel García sigue vendiendo el futuro de la movilidad en Nuevo León. Promete siete carreteras, tres líneas del Metro y cuatro mil 300 camiones, con la meta de que la mitad de los neoloneses utilice el transporte público al terminar su sexenio.

El proyecto suena ambicioso, pero entre anunciar obras y transformar la vida diaria hay una distancia considerable. Los ciudadanos necesitan unidades suficientes, seguridad, puntualidad y traslados menos complicados. El sueño del Metro tendrá que medirse en resultados, no en anuncios.

Y en medio de los pendientes políticos aparece Víctor Rodríguez Padilla, exdirector de Pemex. El video en el que se le observa golpeando a su esposa frente a su hijo pequeño provocó indignación. Ahora, una jueza autorizó la suspensión condicional de su proceso por violencia familiar, sujeta al cumplimiento de varias condiciones.

Rodríguez Padilla deberá pagar 120 mil pesos por reparación del daño, entregar una pensión mensual de 14 mil pesos, recibir tratamiento psicológico y cumplir otras medidas durante seis meses. Si satisface las condiciones, el proceso podría concluir sin una sentencia condenatoria.

No se trata de una declaración de inocencia, pero la resolución deja una pregunta incómoda: ¿es suficiente esta salida ante hechos que provocaron indignación pública? La sociedad tiene derecho a exigir protección para la víctima y cumplimiento de las medidas impuestas.

También queda la pregunta política: ¿la Cuarta Transformación lo protegió o estamos ante una decisión judicial que debe explicarse por sus propios fundamentos? No hay elementos para afirmar que hubo intervención política, pero la autoridad debe aclarar los alcances de una resolución que deja dudas y evitar que la suspensión del proceso se confunda con una absolución.

Por otro lado, Omar García Harfuch asegura que no tiene una agenda paralela rumbo a 2030 y que su responsabilidad está en la seguridad. Sin embargo, Manuel Velasco lo comparó con Pedro Infante, una referencia que le dio al secretario un apodo más propio del espectáculo que de la tarea que tiene encomendada.

La comparación puede servir para los titulares, pero la seguridad pública no es una película. Las familias que enfrentan desapariciones, extorsiones y violencia necesitan investigaciones eficaces y resultados medibles. Harfuch tendrá que demostrar que su trabajo puede pesar más que cualquier sobrenombre.