
¿Quién manda, quién se rebela y quién aplaude todo?
Mientras Samuel García se lucía presumiendo ser el número uno en todo —bueno, casi en todo—, la Marianis le reviró desde la distancia. En una entrevista radiofónica en la Ciudad de México, el gobernador aseguró que su esposa está concentrada en la maternidad y no en buscar algún puesto electoral. Pero no tardó mucho en responder Mariana, o Marianis: “Pero en diciembre lo estaré”. ¡Tómala!, dirán algunos. O mejor dicho: “¿Para qué sirven las nanas?”.
En Morena, Clara Luz Flores tampoco consiguió la unidad que esperaba o presumía tras su nombramiento. Tatiana Clouthier, la alborotadora que inició una revuelta y se sintió ofendida por ser derrotada en las “extrañas” encuestas de su partido, al parecer convenció a Andrés Mijes, Waldo Fernández y Judith Díaz de coincidir en su rechazo a que Clara Luz encabece la candidatura al Gobierno de Nuevo León en 2027. La “Tatis” Clouthier argumenta que el perfil de la exalcaldesa no cumple con los principios pregonados por el partido de “no mentir, no robar y no traicionar”, y señala que ha incurrido en declaraciones falsas y arrastra negativos políticos importantes de su proceso anterior. Pero la pregunta es inevitable: ¿dónde quedaron los principios de la transformación cuando las disputas por el poder pesan más que la unidad? La rebelión exhibe las fracturas de un partido que presume cohesión, mientras sus propios grupos se disputan el control político.
A ver hasta dónde les da su pleito, porque hay quienes hablan de que, de un dedazo a otro, podrían resurgir nuevos “nombres”.
Y, para no perder la costumbre con los “guindas”, Adán Augusto López, de quien se dicen muchas cosas “feas” y se le atribuyen relaciones con “mafias”, hasta ahora no confirmadas al cien por ciento, salió en defensa de Andy López Beltrán ante señalamientos sobre presuntos negocios irregulares y posibles vínculos con el huachicol fiscal. Habló de una “campaña mediática brutal” y justificó su postura porque se trata de un amigo al que quiere y respeta. ¡Válgame! La amistad se entiende, pero no sustituye las explicaciones que exige un asunto de interés público. Los señalamientos no prueban culpabilidad, pero tampoco se despejan descalificando a los medios. La transparencia que se exige a los adversarios también debería aplicarse a los cercanos.
Y desde Estados Unidos, Donald Trump nos regaló una frase que, dicha por algún candidato o dirigente mexicano, hasta podría parecer parte del repertorio: aseguró que sus simpatizantes lo aplaudirían incluso si dijera “las cosas más estúpidas”. El problema aparece cuando la lealtad al personaje pesa más que la capacidad de cuestionarlo. Porque una cosa es respaldar a un líder y otra aplaudirle todo, incluso cuando sus propias palabras invitan a la crítica.




