
No sabo español, pero sí sabo dejarte sin mayoría
La cruda republicana. El tío del WhatsApp juraba los chamacos nomás sirven pa’ el TikTok, y los chamacos fueron a las urnas con la factura en la mano.
Los datos, para eso hay oficio. Según el sondeo a pie de urna de NBC News, los votantes latinos apoyaron a candidatos demócratas por 62% contra 35%, y los jóvenes de 18 a 29 años por 72% contra 25%. En 2024 la ventaja latina había sido de apenas 51% a 48% según Pew. Los varones latinos, hartos venderles machismo como plan económico, rondaron 56% a 41%, y ellas 66% a 31%. El voto adelantado superó los 61.7 millones, récord para una elección intermedia, y la ola terminó con los demócratas controlando ambas cámaras del Congreso. Advertencia de gremio. Las encuestas de salida no son resultados oficiales, sino radiografía de ánimos.
Los no sabo kids son esa muchachada de apellido González o Hernández dice no sabo porque la abuela prefirió pagarles inglés a punta de turnos dobles en el empacado de pollo. La pobreza también presenta sus recibos, y uno de ellos es la lengua materna convertida en moneda de cambio. Aquí, del lado de los bien peinados, les gritamos pochos con el mismo gesto del rico le pide al mesero no se moleste, lo mira de arriba abajo. El clasismo viaja en ambos sentidos y sin pasaporte.
Les reprochamos el subjuntivo, pero nadie les reprochó a quienes los quisieron fuera del mapa que ellos sí lo pronunciaban perfecto. Deportación, con acento de Iowa. Se las dejaron ir doblada a los republicanos, sin lubricante y sin besito en la frente. La arrogancia de quienes juraban tenerlos en el bolsillo se quedó sin carteras que robar.
La revancha de quienes nunca consiguieron cuenta en el club campestre, y por eso el desquite sabe a carnitas con tortilla de harina. Hablarán el español como tractor habla francés, antenoche, sin traductor ni subtítulos, con la boleta tatuada de hartazgo y la abuela cobrando con réditos, se les entendió todo.




