
Trenes que no llegan, dictadores que caen y políticos que pasean
Mientras los rieles fallan y los trenes se descarrilan, la clase política y sus satélites ideológicos insisten en probar que la irresponsabilidad también puede viajar en primera clase. El accidente del Tren Interoceánico, Línea Z, ocurrido el 28 de diciembre, no fue un error fortuito ni una falla menor: fue el resultado de omisiones acumuladas, simulación institucional y decisiones mal tomadas que hoy ya tienen destinatarios legales.
Las víctimas directas anunciaron que este lunes 5 de enero acudirán a la Fiscalía General de la República para presentar una denuncia penal contra empresas constructoras, contratistas y servidores públicos. No van por discursos ni justificaciones, van por responsabilidades claras derivadas de las fallas en la construcción, rehabilitación, supervisión y operación de una obra promovida como emblema de modernidad. El reclamo es elemental: se puso en riesgo la vida de usuarios y trabajadores, y ahora se exige el esclarecimiento de los hechos, sanciones y garantías de no repetición.
El contraste, sin embargo, raya en lo grotesco. Mientras aquí se barren escombros y se preparan carpetas de investigación, en el escenario internacional el teatro político sube el volumen. Donald Trump, de vuelta en la Casa Blanca, advierte que si Venezuela “no cumple” habrá un segundo ataque, presume canales de comunicación con la recién nombrada presidenta Delcy Rodríguez y exige acceso total al país, como si la soberanía fuera un trámite administrativo. En paralelo, Nicolás Maduro se alista para comparecer ante un juez en Nueva York, acusado de narcoterrorismo, conspiración y otros delitos que poco encajan con la narrativa épica de la resistencia latinoamericana.
La escena se completa con su cuota de tragicomedia doméstica. El senador Gerardo Fernández Noroña fue captado saliendo de una tienda de lujo en Roma, Italia, en otro episodio que desmiente, sin pudor alguno, el discurso de austeridad que suele predicar. El video, difundido en redes sociales, lo muestra respondiendo con desparpajo a los reclamos: “¿Crees que tú eres el único que tiene derecho de estar en Roma?”. La revolución, queda claro, también se paga en euros.
Como remate, las protestas en apoyo a Maduro realizadas en Monterrey y la Ciudad de México terminaron pareciendo una mala parodia. Movilizaciones encabezadas por grupos de izquierda, sin un solo venezolano respaldando la causa, y con migrantes de ese país increpando a los manifestantes por defender a quien califican como un narcodictador. La postal es elocuente: consignas importadas, causas ajenas y una desconexión total con la realidad.
Por cierto, para concluir debemos ir pensando si vamos a seguir con malos discursos. En favor de andar apoyando a Maduro, porque el pasado sábado Trump ya anuncio que México también no canta nada mal las rancheras…. así es qué, mejor hemos de recomendar bajarles dos rayas al discurso de que somos muy hermanos del narco-dictador. Porque de Venezuela no recibimos nada en lo más mínimo y si de nuestros vecinos del norte.




