
Ciudad de México.– Durante décadas se ha instalado la idea de que el Oscar a Mejor Película es terreno exclusivo del drama. Sin embargo, un ejercicio de revisión realizado por Spoiler.mx sobre las ganadoras entre 2000 y 2025 desmonta esa percepción simplista y revela un patrón mucho más preciso: la Academia no premia emociones en automático, sino una noción muy concreta de prestigio narrativo.
El análisis muestra que, si bien el drama lidera en número de triunfos, no se trata de cualquier drama. Las películas que han llegado a la cima suelen estar ligadas a hechos reales, episodios históricos o personajes con peso simbólico. Títulos como Gladiador, 12 Años de Esclavitud, El Discurso del Rey u Oppenheimer comparten una vocación de relevancia cultural que va más allá del relato personal. A ese grupo se suman dramas de corte social como Nomadland, donde la mirada humana funciona como comentario sobre su tiempo. En varios casos, además, ese prestigio se traduce también en éxito comercial.
El thriller ocupa un segundo plano, pero bajo condiciones muy específicas. Ninguna de sus cinco victorias responde al suspenso entendido como simple entretenimiento. Los Infiltrados, Sin Lugar para los Débiles, The Hurt Locker, Argo y Parásitos son relatos atravesados por conflictos morales, violencia sistémica o lecturas políticas. Parásitos, en particular, dejó claro que el cine de género puede romper fronteras cuando incomoda y dialoga con la realidad social.
La comedia, pese a su cercanía con el público, sigue siendo una invitada ocasional. Las pocas que han logrado imponerse lo hicieron al mezclar el humor con nostalgia, drama íntimo o experimentación formal. Birdman, Green Book, CODA, El Artista y Anora confirman que la risa necesita una justificación “seria” para ser tomada en cuenta por la Academia.
Más restringido aún es el acceso para la fantasía. Sólo dos películas lograron cruzar esa barrera y ambas lo hicieron como excepciones irrepetibles. El Señor de los Anillos: El Regreso del Rey fue reconocido más como cierre de una hazaña cinematográfica que como triunfo del género, mientras que La Forma del Agua se impuso como fenómeno artístico avalado por el consenso crítico.
En un nivel marginal aparecen el musical, la ciencia ficción y el drama deportivo, con una sola victoria cada uno en un cuarto de siglo. Chicago, Todo en Todas Partes al Mismo Tiempo y Golpes del Destino confirman que estos territorios sólo son aceptados cuando vienen acompañados de innovación, emoción extrema o discursos universales. El cine de acción, el terror y la comedia pura siguen prácticamente excluidos del máximo galardón.
La lectura final es contundente: el Oscar no responde a géneros, sino a una jerarquía muy definida de historias “importantes”. La Academia privilegia relatos que se perciben como necesarios, trascendentes o moralmente relevantes, incluso por encima del impacto masivo en taquilla.
De cara a la ceremonia de 2026, el patrón parece intacto. Los dramas históricos y familiares parten con ventaja, los thrillers con discurso social se mantienen competitivos y las propuestas de género sólo asoman si logran romper sus propias etiquetas. Más que una disputa entre estilos, la carrera al Oscar sigue siendo una disputa por el significado: qué historias considera la Academia dignas de permanecer en la memoria colectiva.
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