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Gerardo Ledezma

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Meterse con las ARMY ni de broma

Hay prioridades que se pierden cuando el reflector se apunta donde más grita la tribuna. El país amaneció con muertos, balas y silencios incómodos, pero la conversación oficial decidió subirse al escenario del K-pop. Así, mientras Salamanca sigue contando víctimas y el crimen organizado se pasea sin pudor, la agenda nacional encontró tiempo para cruzar el Pacífico y tocar la puerta de Corea del Sur… no por seguridad, ni por cooperación internacional, sino por más conciertos de BTS.

La President.. con “A” decidió que la presión digital de los fans merecía trato diplomático. Cartas, llamadas, gestiones y hasta ideas de pantallas gigantes ocuparon espacio en la mañanera, como si el Estado mexicano fuera ahora una oficina de relaciones públicas del entretenimiento global. Meterse con las ARMY es políticamente rentable; enfrentarse al narco, no tanto.

El contraste es brutal. Mientras se habla de boletos agotados en minutos y de promotoras exhibidas por abusos, en Guanajuato once personas fueron asesinadas en una cancha de fútbol y el mensaje oficial se limitó a la coordinación de siempre, a la promesa repetida de dar con los responsables, a la costumbre de que todo quede en manos locales aunque el calibre y el método digan otra cosa.

Y como si el guion no fuera ya suficientemente incómodo, desde Estados Unidos llegó una versión que desarma el discurso presidencial. El abogado de uno de los personajes más buscados aseguró que su cliente no se entregó, que fue detenido por el FBI en territorio mexicano. Otra vez la negación, otra vez el “no hay intervención”, mientras la realidad insiste en que los vecinos no vienen con todo, vienen por todos los expedientes que les estorban.

El país parece vivir en dos mundos paralelos. En uno, el gobierno se esfuerza por quedar bien con una base juvenil globalizada, vigila boletajes, sanciona plataformas y se involucra en giras musicales. En el otro, la violencia se normaliza, las investigaciones se fragmentan y la soberanía se defiende solo en el discurso.

No se trata de despreciar la cultura pop ni de minimizar el entusiasmo de miles de jóvenes. Seguidoras de este sensacional grupo BTS. Se trata de entender que un gobierno no puede comportarse como fan destacado cuando el Estado se desangra. Porque al final, los conciertos pasan, las giras terminan y los ídolos se despiden… pero los muertos no regresan y las mentiras, tarde o temprano, cobran factura.