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Gerardo Ledezma

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Entre el cerco de Washington, la advertencia a Venezuela y la vieja maña del poder

¿Por dónde arrancar hoy? Tal vez por donde el ruido es menos estridente, pero el golpe más profundo. Una investigación publicada por El Sol de México, basada en un análisis de Asimetrics, deja claro que Estados Unidos dejó atrás los discursos y pasó a la arquitectura dura: ahogar al narco mexicano desde el dinero, la tecnología y la ley. No es retórica ni amenaza electoral: es presión financiera, cacería a los lavadores chinos, vigilancia al sistema bancario y un Comando Norte que ya no ve a los cárteles como un problema ajeno, sino como una amenaza a su seguridad nacional. El mensaje es incómodo: el cerco avanza y no pide permiso, mientras en México seguimos discutiendo si el problema existe o si nombrarlo “ofende”.

Del otro lado del tablero, Washington vuelve a tensar la cuerda con Venezuela. Marco Rubio fue claro: si Delcy Rodríguez no coopera, la fuerza está sobre la mesa. Se habla de apertura energética, de cooperación “voluntaria”, pero el fondo es el mismo de siempre: una dictadura que cambia de rostro, pero no de prácticas, y un pueblo que sigue esperando algo más que comunicados diplomáticos. La advertencia no es nueva, pero sí más directa. Y cuando Estados Unidos habla así, rara vez es solo para llenar titulares.

Y mientras el mundo se sacude entre narcos globales y regímenes autoritarios, aquí la “nueva” justicia vuelve a tropezar con las viejas mañas. Retratos pagados con dinero público, donados a ministros y a supuestas autoras, inventarios que no cuadran y explicaciones que se esconden detrás de tecnicismos. Decían que eran diferentes. Hoy, por unas fotos, unos óleos y unos acuerdos discretos, queda claro que no lo son. Cambiaron los discursos, no las costumbres. Y eso, en tiempos como estos, no es un detalle menor: es una señal de que el problema sigue intacto, solo mejor maquillado. Desde luego, hablamos de los diferentes, de los austeros, de los que no iban a gastar e incluso de quiénes hablan de subirse al metro, como si eso no fuese a cambiar el hecho de que todo sigue o está peor. Aunque más discreto …de ocultamiento. Eso es lo más lamentable y terrorífico .