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El grabado se reinventa en la UDEM y dialoga con nuevas generaciones

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La Universidad de Monterrey abrió un espacio para revisar la vigencia de una disciplina que se resiste a quedar en el pasado. En las Galerías 1 y 2 del Centro Roberto Garza Sada de Arte, Arquitectura y Diseño se puso en marcha una exposición que aborda la evolución del grabado como una práctica viva, capaz de transformarse y dialogar con públicos jóvenes sin perder su raíz artesanal.

La muestra reúne 24 piezas de arte gráfico, acompañadas por la serie Hábitat y paisaje, integrada por 10 grabados que ahora forman parte del acervo universitario, además de cinco placas que permiten asomarse al proceso técnico que da origen a cada obra. El recorrido propone una lectura amplia de la gráfica contemporánea, desde la tradición hasta su tránsito por herramientas actuales.

Durante la inauguración se subrayó el valor del grabado como un lenguaje que ha atravesado épocas y contextos, no solo como una expresión estética, sino como un medio que comunica contenidos sociales, culturales, éticos y políticos que se mantienen vigentes. La técnica, se remarcó, exige precisión, control del trabajo y dominio del material, cualidades que colocan al proceso creativo en una dimensión distinta frente a la inmediatez de la era digital.

El propio autor explicó que la investigación que sustenta la exposición buscó tender puentes entre la gráfica tradicional y los nuevos procesos, incorporando herramientas contemporáneas como el láser junto a técnicas como la xilografía. En ese cruce de lenguajes se plantea la necesidad de compartir con las nuevas generaciones la importancia de generar procesos renovados sin romper con la herencia del oficio.

El discurso curatorial plantea una reflexión sobre la relación entre el individuo y su entorno. Las obras abordan el cambio de lugares, el desplazamiento y la forma en que las personas modifican el espacio para convertirlo en hogar, una lectura que conecta la experiencia personal con problemáticas más amplias de migración, adaptación y pertenencia.

Desde el ámbito académico, la exposición fue presentada como una oportunidad para que el estudiantado entienda el arte como un compromiso que demanda tiempo, disciplina y responsabilidad. Se destacó que cada línea grabada implica una elección y que el carácter reproducible de estas obras les otorga una dimensión pública que permite la circulación de ideas y la construcción de memoria colectiva en el contexto mexicano actual.

La serie Hábitat y paisaje fue leída como un diálogo entre figura humana y paisaje, donde el cuerpo no aparece aislado, sino como un territorio de tensión entre lo que se es y los espacios que se habitan. En ese sentido, el proyecto se planteó también como un contrapeso a la lógica de la inmediatez, al poner en valor procesos largos de observación, estudio y trabajo sostenido.

Como parte del acto inaugural se anunció la incorporación de 10 grabados de gran formato al acervo institucional, un gesto que refuerza el vínculo entre creación artística, enseñanza y comunidad universitaria, al integrar estas piezas a la vida académica como herramientas de reflexión y memoria compartida.

La ceremonia contó con la presencia de autoridades universitarias, directivos del Centro Roberto Garza Sada, el artista expositor y la comunidad estudiantil. El protocolo concluyó con el corte de listón y el recorrido por las salas, marcando el inicio de una muestra que busca demostrar que el grabado, lejos de extinguirse, sigue encontrando nuevas formas de decir.

eitmedia.mx