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Gerardo Ledezma

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Entre victorias ajenas y facturas propias

La escena política y de seguridad que dejó la noche del mensaje del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, terminó por confirmar algo que pocos esperaban decir en voz alta: la narrativa sobre la lucha contra el narcotráfico mexicano ya no se está construyendo únicamente en México.

Desde el Capitolio, y sin mencionar nombres, Trump prácticamente reclamó como logro propio la caída de uno de los líderes criminales más poderosos del continente. “Hemos derribado a uno de los peores y más siniestros capos de la droga”, afirmó ante el Congreso estadounidense, en un mensaje donde volvió a insistir en que amplias zonas de México habían estado bajo control del crimen organizado y justificó su estrategia al declarar incluso al fentanilo como un arma de destrucción masiva.

No hizo falta pronunciar el nombre de Nemesio Oseguera Cervantes para que el mensaje fuera entendido dentro y fuera del país. La captura y posterior muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación terminó convertida, políticamente, en un trofeo internacional antes que en un episodio de cooperación bilateral.

La reacción fue inmediata del otro lado de la frontera. El gobernador de Texas, Greg Abbott, ordenó el despliegue de agentes del Departamento de Seguridad Pública, Rangers y unidades especiales bajo el argumento de blindar su territorio ante posibles reacciones del narcotráfico. El mensaje implícito resulta inquietante: la violencia generada en México se asume ya como una amenaza directa para la seguridad estadounidense, aun cuando los operativos ocurrieron dentro del territorio nacional mexicano.

Mientras tanto, en Nuevo León, la discusión tomó un rumbo distinto pero igual de incómodo. El gobernador Samuel García Sepúlveda optó por deslindarse del escándalo derivado de una grabación donde se habla de un supuesto “pago fuerte” solicitado a una empresa pedrera. La explicación oficial insiste en que se trata de adeudos fiscales y no de extorsión.

Y mientras la política debate responsabilidades y los gobiernos intercambian discursos, la factura real comenzó a aparecer. La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo estimó pérdidas económicas preliminares de entre mil 500 y dos mil millones de pesos tras la ola de violencia registrada el domingo posterior al abatimiento del capo. Negocios cerrados, transporte detenido, logística interrumpida y comercios familiares paralizados en al menos 20 entidades del país.

Ahí está quizá el dato más revelador de toda esta historia: mientras unos se adjudican victorias desde tribunas internacionales y otros niegan crisis locales, quienes terminan pagando las consecuencias siguen siendo los ciudadanos y las pequeñas empresas.

La caída de un líder criminal debería representar tranquilidad. Sin embargo, lo ocurrido dejó una sensación opuesta: tensión fronteriza, disputas políticas internas y pérdidas económicas millonarias.

Paradójicamente, el golpe al narcotráfico terminó exhibiendo algo más profundo: que en la guerra contra el crimen, los triunfos se anuncian rápido… pero los costos siempre se quedan en casa.