
Fe, poder e impunidad: del escándalo de La Luz del Mundo al exceso de Trump y la política local
En tiempos donde la fe debería ser guía moral y no instrumento de conveniencia, lo que hoy se observa es una peligrosa distorsión entre creencias, poder e impunidad. Porque una cosa es la libertad religiosa y otra muy distinta es el blindaje político frente a acusaciones graves.
El caso de la llamada La Luz del Mundo vuelve a colocarse en el centro de la discusión. No solo por los antecedentes de su líder, Naasón Joaquín García, condenado en Estados Unidos por abuso sexual contra menores, sino por lo que ocurre en México. Una investigación retomada por el diario El Sol de México, con base en información de un medio español (El País), pone nuevamente sobre la mesa la dimensión del problema: denuncias por trata de personas, explotación sexual y operaciones financieras irregulares que, pese a los señalamientos, no terminan por traducirse en consecuencias claras.
Y es ahí donde la pregunta se vuelve incómoda pero inevitable: ¿cómo es posible que, frente a testimonios, investigaciones y antecedentes internacionales, el aparato de justicia en México dé señales de repliegue? Las víctimas hablan de impunidad, de protección política, de redes de influencia que alcanzan niveles de poder. Si esto es cierto, el problema deja de ser religioso para convertirse en estructural y según el medio la FGR cerró el caso.
En paralelo, al norte del continente, la política también juega con símbolos que no le pertenecen. Lo ocurrido con Donald Trump, al difundir una imagen con tintes mesiánicos, no es un hecho menor. En una sociedad profundamente creyente, asumir —aunque sea visualmente— un rol cercano al de Jesucristo no es provocación ligera. Es un mensaje que apela a la fe como herramienta de construcción política.
La posterior retirada de la imagen y la explicación de que se trataba de una representación casi “médica” no hace más que evidenciar la falta de límites en el discurso. Porque cuando el poder se disfraza de redención, lo que está en juego no es la imagen de un político, sino la percepción misma de la realidad entre sus seguidores.
Y mientras estos excesos se normalizan en distintos niveles, en lo local también se mueven las piezas con rapidez. La salida de Martha Herrera del gobierno estatal abre un nuevo capítulo en la política de Nuevo León. El discurso de congruencia y ética pública acompaña su decisión, pero el fondo apunta claramente a una nueva aspiración.
Monterrey aparece como destino posible, y con ello las preguntas de siempre: ¿hay estructura suficiente?, ¿existe respaldo real?, ¿qué papel jugarán los actores económicos en esa eventual ruta? En política, los tiempos rara vez son casualidad, y los movimientos suelen anticipar escenarios.
Así, entre una organización señalada que sigue operando bajo la sombra de la impunidad, líderes que utilizan símbolos sagrados para fortalecer su narrativa y figuras locales que se reposicionan, el hilo conductor es el mismo: el uso del poder sin límites claros.
Porque cuando la fe se convierte en escudo, la política en espectáculo y la justicia en duda, lo que se erosiona no es solo la credibilidad institucional… es la confianza de toda una sociedad.




