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Gerardo Ledezma

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Cuando la verdad emerge: Pemex admite el derrame y exhibe el discurso oficial

El tiempo terminó por alcanzar al discurso. Durante días se insistió desde el poder en deslindar responsabilidades, en minimizar un problema que desde el inicio olía —literal y políticamente— a hidrocarburo. Se dijo que el estado no tenía vela en el entierro, que las manchas en el mar podían tener otros orígenes, que no había certezas. Hoy, la propia Petróleos Mexicanos reconoce el derrame en el Golfo de México. Y entonces la pregunta es inevitable: ¿qué sigue ahora en la narrativa oficial?

Porque no se trata solo de un accidente ambiental, sino de la forma en que se manejó la información. Mientras las costas de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas enfrentaban las consecuencias, la respuesta institucional fue titubeante, evasiva y, en momentos, contradictoria. Hoy sabemos que hubo irregularidades internas, al grado de separar a funcionarios por ocultar o no reportar información clave. Es decir, el problema no solo fue el derrame, sino el intento de administrarlo en silencio.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo instruyó una investigación, pero llega después de que la presión mediática, científica y social ya había puesto el tema sobre la mesa. La duda no es menor: ¿por qué tuvo que escalar así para reconocer lo evidente? ¿Por qué la resistencia a aceptar que sí había responsabilidad desde el propio aparato estatal?

Pemex, por su parte, confirma que la fuga en la plataforma Abkatún ocurrió desde febrero y que incluso pasaron horas críticas antes de ubicar el origen. Más grave aún, la información interna no fluyó como debía. En un sector donde cada minuto cuenta, la opacidad no es solo negligencia: es complicidad con el daño.

Y mientras desde el gobierno se habla de modelos, simulaciones y probabilidades, lo cierto es que el impacto ya está hecho. No hay cálculo exacto del volumen derramado, pero sí hay evidencia suficiente para entender que el problema fue real, tangible y evitable en términos de gestión.

Ahora vendrá la “mañanera del pueblo”. El espacio donde se construye la narrativa oficial. ¿Se reconocerá de frente la responsabilidad? ¿Se asumirá el costo político? ¿O se volverá a diluir entre tecnicismos, culpables menores y explicaciones a medias?

Porque aquí no basta con separar funcionarios ni con abrir investigaciones que, en muchos casos, terminan en el archivo. Lo que está en juego es la credibilidad. Y esa, cuando se derrama, no se contiene con barreras ni se limpia en 48 horas.

El problema no fue solo el petróleo en el mar. Fue la verdad intentando mantenerse a flote. Aunque bien nos viene a una pregunta al aire que rápidos fueron en culpar a tres “peladitos”. Igual al asunto del Tren Interoceánico. En fin.

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