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Gerardo Ledezma

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Cuando archivar es gobernar… y la realidad termina por alcanzarnos

Vaya forma tan peculiar de combatir la corrupción: guardándola bajo llave… y con prórroga incluida. Resulta que el expediente contra la empresa Lomedic, vinculada al senador Carlos Lomelí Bolaños, ahora estará cómodamente reservado hasta 2028. Sí, leyó bien: casi una década después de que Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad destapara aquella red de empresas que obtuvo contratos públicos por más de 2 mil millones de pesos, la respuesta institucional parece ser la misma de siempre: paciencia… y silencio.

Porque si algo ha perfeccionado la burocracia mexicana, sin importar colores ni discursos, es el arte de congelar expedientes. Cambian los nombres de las dependencias, cambian los gobiernos, pero la técnica sigue intacta: alargar, reservar, esconder. Y luego nos preguntamos por qué la confianza no aparece por ningún lado. Tal vez porque cuando la justicia llega tarde, o de plano no llega, deja de ser justicia.

Y mientras los archivos descansan en algún cajón bien resguardado, la realidad no da tregua. Ahí está el caso que cimbró al país en la zona arqueológica de Teotihuacán, donde un hombre —ya identificado como Julio César Jasso Ramírez— decidió convertir un sitio histórico en escenario de violencia absurda. Un “lobo solitario”, dicen, que disparó sin rumbo claro, dejando una estela de heridos —en su mayoría extranjeros— y una víctima mortal. Y como si no bastara, optó por quitarse la vida, llevándose consigo respuestas que hoy siguen sin aparecer.

La pregunta incómoda no es sólo el porqué, sino el cómo. ¿Cómo ingresó un arma a uno de los sitios turísticos más vigilados del país? ¿Cómo se explica que la seguridad falle justo donde más se presume? Otra vez, las respuestas vendrán… algún día. Probablemente después de otro informe, otra investigación y, si la costumbre no falla, otro archivo bien guardado.

Y en medio de todo, una realidad que parece menor pero que retrata igual de bien nuestras omisiones: el maltrato a caballos de carga en las calles. En Monterrey, al menos cinco equinos fueron rescatados en días recientes, todos con signos de abuso, sobrecarga y abandono. La autoridad actúa, sí, pero a cuentagotas y casi siempre después de que el daño está hecho.

Aquí la pregunta es más simple, pero igual de incómoda: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo seguiremos persiguiendo carretones en lugar de ofrecer alternativas reales a quienes dependen de ellos? Porque el problema no se resuelve sólo quitando caballos, sino dando opciones a las personas. Sin eso, el ciclo se repite… como los expedientes que nunca se cierran.

Al final, todo parece conectado por una misma constante: la postergación. Se posterga la justicia, se posterga la seguridad efectiva y se posterga la solución de problemas que llevan años frente a nosotros. Y mientras tanto, entre archivos reservados, tragedias sin explicación y animales que siguen pagando el precio, el país avanza… pero con el freno de mano puesto.

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